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Lavar un TiNaCo ::.

Que le tocó lavar el tinaco. Por eso se levantó temprano. Estaba la muchacha que le cuidaba al niño. Estaba Ella y la muchacha. Creo que se llama Luisa, o Andrea. No se. Y estaba el niño. Estaban los tres y era de mañana. Se despertó a las 5:30 cuando aun no amanecía, lavar el tinaco, la ropa, hacer de comer, apurarse. Lo mejor de todo es que era sábado y entonces pues ya. Siempre es posible alegrarse de que sea fin de semana aunque sepa que tiene que hacer las mismas cosas de todos los días, del lunes y del martes, del miércoles y del jueves, las mismas cosas que hace el viernes y el domingo. Luego sucede que se olvida del día en que vive por la de personas que ve todos los días: por la de rostros desconocidos. Me platica de eso y de más cuando acostado a sus pies, ella dormita y se deja ir diciendo de las cosas que hizo, de las que le gustaría hacer, de los lugares a los que fue y de los lugares a donde le gustaría ir, de las personas que conoció y de las personas que le gustaría conocer. Era sábado entonces. Ella se metió al tinaco con una escoba y un trapo. Un tinaco rotoplas. Aunque era temprano ya todos estaban levantados: despiertos. Todos: Ella, el niño, la muchacha-que-le-cuida-al-niño-Luisa-Andrea. Bueno, que cuando eso me platicaba estaba todavía cansada (se había levantado temprano), con el cabello recogido –así se lo había dejado- se dejaba dar besos en la nuca, en la espalda, eran besos inofensivos, besos chicos de “te extrañe mucho”. Se dejaba, dormitaba, platicaba. El cabello recogido y húmedo: vas a pescar un dolor de cabeza Belinda. Era el mismo cabello largo y negro que le pasaba nada mas los hombros. Le dije una vez que se lo pintara de azul: “píntatelo de azul Claudia, píntatelo”, “pues dame dinero menso”, me respondió, afirmando con esas sus palabras de niño que estaba por la labor. Lo mismo sucedió cuando le dije que se lo cortara porque “se lo jalaba” cuando me ponía sobre ella. Hacíamos el amor e invariablemente mis manos se enredaban con su cabello, se enredaban en ella, y entonces ya estábamos agitados y sudorosos desesperados y angustiados, mis manos inmovilizadas y sin circulación, su cabeza dislocada y perdida en movimientos erráticos e inconexos. Así, unidos, no nos dábamos cuenta de que todo podía ser mas fácil. No queríamos, quizás. Hasta que le dije en una ocasión en que me miraba las marcas rojas en la muñecas, después de sacudirme las pelusas: “córtate el cabello, Claudia, córtatelo”. Era su cabello que le llegaba a la cintura y que nos estorbaba para las cosas esenciales. Sal Paradise lo cuenta muy bien en esas confusas y agh fascinantes historias suyas cuando dice de Mardou y de su amor loco en medio de las fiestas y los amigos, de las platicas interminables incesantes y sinsentido que todos entablaban cuando se hacia de noche y se podía vivir entonces sin el cúmulo de estupideces que permeaban –y permean- por sobre todo en realidad. De lo esencial, digo. Su cabello estaba húmedo y ya eran las dos de la tarde cuando estábamos allí, juntos por fin, después de semanas sin vernos, aunque ella estuvo dentro del tinaco hacia las 5:30 de la mañana, inmediatamente después de despertar, levantarse, después de dar un vaso de leche al niño y decir, recomendar, pedir con una dulzura de mañana: “te estas quietecito, no seas malo, nada más me meto adentro del tinaco para lavarlo y salgo rápido rápido ¿si?” Rápido-rápido. A los niños les gusta eso, que todo sea rápido, sin demoras, es que están chicos, su idea del tiempo es nueva, como huevo de cascaron frágil, como nube chica y casi transparente, la luz del sol todavía puede verse, la atraviesa sin dificultad, por eso se agitan cuando las cosas no suceden, cuando se dilatan y parecen meras promesas.

Rápido-rápido, muévete, rápido. Es ahora. Ahora. Abre la boca y habla, explícame las cosas y manotea, apúrate y corre, no te quedes allí quieta, nada mas mirando, que no se trata de un sueño, es la vida real y es hoy, no es mañana que no hay mañana: rápido-rápido. Corre, quédate sin aliento habla y grita y di y que tu paso sea como un viento sobre la cara: los ojos brillan. Es la luz del sol.

Pero el niño comenzó a llorar porque Ella no podía salir del TiNaCo RoToPlaS. De primero, cuando se metió, estaba la ayuda de Luisa-Andrea, ella puso las manos abajo haciendo un columpio donde Claudia puso primero el pie derecho, basto con un impulso mínimo con el pie izquierdo para trepar a la boca del tinaco, lo demás fue utilizar los brazos y recargar el estomago sobre la boca del tinaco, al instante siguiente ya estaba dentro, caer dentro, el tinaco vacío, dentro, el niño ¿en dónde esta mamá? que de Ella solo sobresalía la cabeza y “espérame tantito, nada mas limpio aquí adentro y salgo corriendo, rápido-rápido”.

Mas a la hora de que dentro todo estuvo limpio Ella no pudo salir. Adentro faltaba el columpio donde subir el pie derecho, no había columpio en donde todo estaba oscuro pues eran las seis de la mañana y ya se sabe que los días de enero son cortos como suspiro de ¿? fua!: lentamente empieza a amanecer por las mañanas: todo estaba tan oscuro, adentro, afuera, como si de la medianoche se tratase. No podía salir y empezó a reír calmando al niño al mismo tiempo “no llores, no llores bebe”.

“Y me sentía como uno de esos animales que salieron en la televisión en aquella película donde caían o se metían por si solos a un frasco pero el frasco estaba allí hundido en el mar y ellos se metían al frasco si saber que luego no podrían salir, tiburababas se llamaban y me sentía así como uno de esos tiburones chicos que no podían salir del frasco y allí estaba yo nada mas retorciéndome dentro del tinaco rotoplas como un tiburababa”


Y mientras lo explicaba se retorcía ella misma desde la cabeza hasta las pies agitando los hombros como si estuviera escapando de un trampa imaginaria que la rodea y la oprime que no la deja respirar. Entonces Luisa-Andrea fue a por una silla, algo, lo-que-fuera para ayudarla a salir. Y el niño lloraba incesante y desamparado hasta que por fin hallaron un silla pequeña que pudo entrar por esa boca negra y oscura del tinaco rotoplas. Ella salió de la trampa y mientras me contaba todo se reía recordando la película de los tiburababas y el llanto del niño.


capitulo-inconexo-y-desesperado-de-un-germen-historia-idea-es-pon-ta-nea-y-tal

4 comentarios »

  1. Sikanda escribió:

    mu mu mu bueno :)

    17 March 2003 a las 0:24

  2. oxalá escribió:

    pasan muchas cosas muy simples en las vidas. hay miles de cosas, millares, millones, billones de cosas en la vida. el caso es contarlas y reir. y reir juntos…

    17 March 2003 a las 15:48

  3. frida escribió:

    lo del tinaco es = a la misma desesperacion de salir al mundo, porque alguien te espera por eso ella estaba angustiada……pero aveces no sera mejor quedarse en el tinaco?

    19 March 2003 a las 1:11

  4. aeThra escribió:

    ayer dijiste de este texto… y vine a recordarlo… besos…

    16 December 2003 a las 11:01

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