Nux fulguris

La luz del sol

Que de nuevo escribí una aventura.
Ya saben, las dudas, las responDo cuanTo anTeS ^____^

Era un tiradero. Un jodido tiradero que los hizo pensar en echarse para atrás. Necesitarían mil años para arreglar todo aquello. El polvo. La basura. Aquel antiquísimo escombro salido seguro del infierno mismo.

Ni siquiera la luz del sol podía penetrar todo aquel lío. Discutieron la posibilidad de romper los vidrios, negros como el culo de un gato, para que el día les echara una mano, además, ella tenia miedo de las alimañas. Estaba tan oscuro ahí dentro que seguramente algo les arrancaría un dedo al intentar sacar el primer cajón, la silla rota, una botella vacía. Antes de empezar pusieron algo de música, la grabadora a todo volumen, justo a la entrada de aquella vieja casa. Comenzaron a bailar. Ella lo hizo en el pasillo de entrada, aprovechando los rayos del sol que entraban aquélla mañana iluminada. Pateo la puerta y rompió algunas botellas.

Después de 5 minutos los vecinos se habían acercado. Al verlos, el dejo de bailar. Ahí parado, justo frente a la puerta de entrada, sudoroso y sin aliento, sonrió a su desconcertado publico.

—Ya le hablamos a la policía —dijo una voz
—¡Vístase cabrón! —gritó otra
El soltó la cadena de Güicho y grito:

—¡Échateles!
cuando todos hubieron desaparecido y Güicho dejaba de ladrar en el límite del pequeño jardín con la calle ya desierta, el aulló:
—¡Solo estamos asustando a los bichos!

Comenzaron a vaciar la casa hablando en voz alta. Habían quitado la música pero querían hacer ruido para alejar los animales peligrosos. Güicho se había echado nuevamente al sol.

Había muchas cajas de cartón, botellas vacías, el cascaron de una televisión, un montón de tablas que seguro habían sido librero, libros por todos lados, viejos y aburridos, rotos, con palabras incompletas y frases tachadas. Ella encontró entre aquellos libros un álbum de fotografías pero le daba asco mirar. El descubrió dentro de una caja ropa interior de mujer. Pero nada de eso les iba a dar el dinero suficiente para comprar vidrios nuevos. Decidieron dejar las ventanas en paz, no tenían mucho dinero. Y aunque no veían nada, el ruido que habían hecho y que estaban haciendo les tranquilizaba lo suficiente. Descubrieron tres cucarachas encima de una silla rota cuando la sacaron al jardín, pero no estaba tan grandes ni tan feas ni tan asquerosas como lo habían imaginado.

Ella:
Quisiera que la luz se metiera en todos los rincones como si fuera humo, que iluminara todo alrededor para no tener que hacer tanto ruido, para dejar de hablar un poco y mirar sin miedo las cosas que toco, para no mover los ojos en medio de esta oscuridad como si estuviera loca buscando algo que no puedo ver, para encontrar mis propias manos en esta oscuridad irritante, saber en donde me encuentro y calmarme un poco.

El:
Rompería las ventanas sin pensar en nada si pudiéramos encontrar algo de valor en medio de este sucio desorden. Rompería las ventanas y tiraría las paredes para que todo aquí dentro desapareciera y deje de preocuparme. Lo haría de cualquier manera. Porque aquí dentro solo hay polvo y viejos objetos que a nadie interesan, basura y trebejos todo roto e inutilizado y lleno de mierda y abandono ¡No hay nada de valor aquí dentro!

Cuando llego la policía estaban mareados. Se dieron cuenta por los ladridos de Güicho. Entonces salieron de la casa como niños extraviados de una cueva en el bosque. Ahí estaban los vecinos, una patrulla, dos policías y mucha, mucha más gente curiosa. Ante semejante multitud Güicho solamente podía ladrar, sin atreverse a arrojarse sobre ellos para coger entre sus dientes la mano, el pie, o la cabeza del primer insolente que se le pusiera enfrente, sobre todo porque en un primer instante, cuando todos ellos llegaron de golpe sorprendiéndolo en su canino ensueño y el corrió despejando su pereza y lentitud con escandalosos ladridos uno de los policías grito con voz ronca y violenta parando aquella su carrera alocada:

—¡eitale! ¡sht! ¡Quieto, quieto perro cabrón! ¡Sht sht!

Esto de alguna manera le aviso a Güicho que se lo tomara con calma, que no se dejara ir tan recio porque quizás ese maldito policía estuviera loco y entonces sacando la pistola le tiraría unos pinches balazos que acaso le lastimarían seriamente al pobre. Mejor guau guau, si, desde aquí, lejecitos, quietos ahí cabrones, guau guau, nadie se mueva, si, si, guau guau, mendigos, guau guau.

—¡Amarre a su perro! —gritó un policía
—¡Guarde su pistola! —grito el, poniéndose la camisa y llamándole a Güicho
—¿Qué están haciendo? —pregunto el policía con voz ruda
—Están robando la casa —grito uno de los mirones
Ella se había sentado afuera de la puerta de entrada mirando todo aquello con una mezcla de estupefacción y aburrimiento.
—Estamos trabajando ¿qué no ve? —dijo el
—Nos reportaron que una pandilla de vagos estaban saqueando esta casa ¿cuántos son ustedes? ¿quiénes son? —dijo el policía
Güicho comenzó a ladrar, uno de los mirones había pasado de la calle al jardín y miraba impúdicamente como ella se había sentado con las piernas cruzadas
—Sálgase de ahí —grito el, y dijo— esta casa es nuestra, la estamos limpiando porque ya estaba muy cochina, es nuestra y no estamos robando nada, estaba abandonada pero hemos regresado, la estamos limpiando porque es nuestra.
—¡Cálmese! —dijo el policía— ¿y el escándalo que se traían?
—¿Qué con el? Esta casa es nuestra —respondió el
—¡Viciosos! —grito una voz
—¡Rateros! —grito otra
—¡Vístanse mendigos! —remato una más
El se volvió a donde Güicho estaba amarrado, la gente reculo espantada
—Cállate Güicho —dijo el
—Deténgalos policía —pidió uno de los mirones, vecino quizá.
Pero el policía se había desanimado. Ellos estaban en su casa.
—¡A ver a ver! —dijo— dispérsense señores dispérsense, y volviéndose agregó— y ustedes, dejen de hacer tanto escándalo

Las voces de aquella pequeña multitud se dejaron escuchar pero los policías ya estaban subiendo a la patrulla. Cuando arrancaron el corrió a soltar a Guicho y gritó:

—¡ÉCHATELES!

Cuando la calle quedo desierta y Güicho dejaba de ladrar ellos subieron al volumen y a ritmo de techno comenzaron a saltar. Ya casi habían vaciado la casa, ahora les quedaba coger escobas y sacar toda la basura y el polvo de aquel lugar. El cogió unas botellas vacías y en pleno clímax techno las arrojo contra las ventanas. Un gran escándalo. De inmediato la luz del sol ilumino todo aquello. Ya no tenían miedo. Los vidrios, después lo resolverían. Lo inmediato era bailar, hacer escándalo y dejarse ir como dos bestias enfermas en pleno ataque rabioso.

7 comentarios »

  1. aethra escribió:

    AAAAAAAug…. Varios puntos. Chibigón.. :)

    14 January 2004 a las 1:31

  2. rayuela escribió:

    “Ella le pidió que la llevara al fin del mundo,
    él puso a su nombre todas las olas del mar.
    Se miraron un segundo
    como dos desconocidos.
    Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
    ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
    Y al final números rojos
    en la cuenta del olvido,
    (..)

    Mucho, mucho ruido,
    ruido de ventanas,
    nidos de manzanas
    que se acaban por pudrir.
    Mucho, mucho ruido,
    tanto, tanto ruido,
    tanto ruido y al final
    por fin el fin.
    Tanto ruido y al final…
    (…)”

    RUIDO -J.Sabina, P.Guerra y P.Varona-

    14 January 2004 a las 4:07

  3. rayuela escribió:

    GENIAL NUEZ… GENIAL,GENIAL…
    Gracias x tu ruido “transcrito”,
    q nos mueve, MUEVE, MUEVE!!!
    Un placer para los cinco sentidos.

    14 January 2004 a las 4:11

  4. dalusk escribió:

    Chido cuento, me gustó la tensión que mantienes ahí, hasta que se truena el úlyimo vidrio.

    14 January 2004 a las 11:16

  5. damonmx escribió:

    chido el cuento señor Nuez, se sacó un 10 :D

    14 January 2004 a las 12:37

  6. ruru escribió:

    despues continuo ,, se me fue el tiempo.. besitos

    14 January 2004 a las 20:30

  7. mergruen escribió:

    (clap, clap) (aplausos en la sala)
    esos vidrios negros, como culo de gato, son inolvidables.
    Chulísimo :)

    15 January 2004 a las 13:18

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