Nux fulguris

Categoría Val

Abril soleado

En realidad fue un buen día. El dolor remitió. Al vernos te soltaste a platicar imparable, JJ, Itahi, Maria Inés y los demás. Miriam nos despidió con su sonrisa amable. Alcanzo el trabajo del día y dijo adiós. Subimos al coche sin dejar de hablar.

[Había otro nivel de realidad, ahí, pegado a nosotros, que no alcanzaste a ver, tal vez si, un día saldré a la cocina y un monstruo enorme, negro y nauseabundo ¡una sombra negra! se me echara encima, será la ultima vez] [Odio quedarme solo en el escenario]

Era una media tarde agradable, sol, abril.

Comimos nieve de limón en el parque. Contamos nubes en el cielo. Un pájaro nos tiro semillas en la cabeza. Te soltaste a llorar. Odiaste un segundo al pájaro y luego echaste a reír: dijiste con voz fingida: tonto pájaro. Platicamos de los amigos y los conocidos. JJ seguía de vacaciones, Emilio también. Un día nos iremos de vacaciones y serán días y días en el mar, países lejanos, un mundo distante, totalmente diferente, no entenderemos nada y usaremos señas para conseguir lo necesario: agua y comida. Llevaremos dinero, mucho dinero. Y aprenderemos lejanos trucos. Idiomas extraños. JJ esta en San Diego, contaste.

Compramos agua y refresco en la tienda y nos marchamos.

El juego impaciente

Este es el juego de mediatarde

Hay musica apacible en el aire que sopla entre los arboles

Te abrigo entre mis brazos

Despierta

¿Como fue? ¿Me escuchaste y dijiste ahora te toca? Ploc Ploc Estabas dormida. Afuera había llovido toda la noche. A mi los sueños me habían perseguido todo el tiempo. Estaba oscuro y llovía. Pero hacia calorcito en nuestra mítica cueva. Vi dos pájaros extraños en las enredaderas de nuestra puerta, ocultos entre las ramas, sus ojos brillantes, que parpadeaban, me dejaron verlos, tenían plumas coloridas, entrelazadas, eran diamantes de figuras geométricas, mates, y sus picos enormes, amarillos, que se abrían lentamente para sujetar la siguiente enredadera. El cielo retumbaba, luces dramáticas, nubes apretadas. Desperté y seguía oscuro. Fue cuando te llamé con mi voz de ensueño: ¡despierta! ¡despierta!

Tu estabas durmiendo, soñabas en un jardín pegajoso, de mediodía, gotas escurriendo de las ramas, confundiéndose con el follaje, tenias tus pies desnudos, no querías pisar las mariposas de alas multicolores, los escarabajos redondos, brillantes, las pequeñas criaturas aladas que te zumbaban alrededor trazando figuras frente a tus ojos, había pájaros presumidos con vestidos de sol, con plumas rimbombantes, en sus cabezas pequeñas, saltonas, verdes amarillas, rojas, redondos ojos que daban la vuelta mirándolo todo, lentos, relamidos. Y la luz. Una luz que te llenaba inundando todo de calor y de vida. Como abrazo. Como caricia. Como saludo. Voz. Tamborileo. Buenos días. Buenos días.



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