El suéter rojo me gusta mucho. Esta calientito. Siempre me lo pongo en lugar de los demás suéteres que tengo. El me dice: “quiero ir contigo?. Y entonces voy y me lo pongo. Nada mas que ya esta un poco mugroso. No me gusta separarme de el y llevarlo a la lavander¡a. El llora cuando tenemos que separarnos. Tampoco le gusta dejarme sola. Pero esta mugroso. Así que lo llevo a la lavandería y yo me pongo triste. Pero el sabe que no debo ponerme triste y entonces dice gritando desde la lavandería: “espera espera que me ando dando un súper baño?. Entonces me vuelvo paciente y pienso en otras cosas. Le digo rmi flaquito? porque me queda estrecho y se me pega calientito y no deja que me enferme ni que me ponga triste. Ahorita que es de noche y que tengo que regresar me lo pongo y se me quita un poco la tristeza que tengo. La interminable tristeza que traigo pegada todo el tiempo. Mejor quisiera que todo esto terminara rnpidamente. Adios. Y ya.
Un día el gato estaba buscando novia. Decidió que tenia que ponerse en movimiento si quería encontrar novia pronto. Se consiguió un trabajo haciendo comerciales en televisión. Exterminó a todos los ratones del vecindario para ganar fama. Tenia peleas todos los días con los perros callejeros tratando de obtener respeto. Ayudaba a las viejecitas a pasar la calle y cuidaba niños pequeños en sus ratos libres. Era el gato mas esforzado y bien portado de la comunidad felina, tenia el respeto de sus enemigos y una reputación intachable. Sin embargo el gato no veía resultados, no podía conseguirse la novia que necesitaba. Aunque todo el mundo lo admiraba y las pequeñas gatas solteras del vecindario pasaran la noche entera maullando bajo su ventana.
Pero era un gato necio. Firmo un contrato para una película de aventuras felinas. Recorrió el mundo entero y gano los premios mas inalcanzables. Se volvió el gato mas famoso de la galaxia entera.
Pero de su gata pareja no veía ni rastro siquiera.
No es difícil bajar del árbol. Bajamos como demonios a recoger semillas, basurillas que la gente deja. O alimañas extraviadas. Todo el tiempo tenemos hambre. A veces mejor dormimos lejos de las miradas, así olvidamos el hambre. Cuando es de plano necesario, bajamos. Recuerdo cuando estábamos en jaulas y nos daban comida, entonces estaba bien. Diario nos daban comida, semillas sobre todo, cáscaras y plantas verdes. Pero no nos gustan las plantas verdes. Un árbol no se come. Un árbol es una planta verde. Un árbol nos sirve para dormir y protegernos. Pero no se come.

A veces sucede que son días soleados y podemos bajar de los árboles sin necesidad de preocuparnos demasiado. Son días sin gente porque el parque esta cerrado. Entonces llegamos hasta el lago y miramos a los patos. Un día quiero ser pato. Flotar con mi culo emplumado y recorrer todos los rincones de esa gigantesco lago donde sopla el viento y donde brilla el sol y donde no hay peligros ni complicaciones. Los patos hunden su cabeza en el agua verde y dicen cua cua y se juntan en corrillos a platicar sus aventuras. Sus pato-aventuras. Los patos nunca se pelean, todos son amigos, siempre están echando desmadre. Además, los días de gente no tienen que preocuparse por nada: la gente no puede alcanzarlos porque ellos viven en la isla central del lago y andan flotando ahí y la gente nada mas lo ve pero nunca intenta hacerles daño. Eso es un misterio: nosotros si tenemos que cuidarnos. Arriba de un árbol. Porque ellos te agarran y te maltratan y te quieren llevar a lugares lejanos y si traen compañía como gatos o perros esos nos comen a mordiscos o nos corretean y nos asustan con sus dientes filosos y sus garras feroces.
Las ardillas somos mas chicas. Por eso subimos a los árboles y desde ahí observamos todo alrededor y, cuando se puede, bajamos a comer cáscaras o alimañas inofensivas o alguna semilla olvidada, como nueces o frutas pequeñas.
Pero casi no me gusta ser ardilla. Porque siempre me ando cuidando del peligro y, además, siempre tengo hambre. Mejor quiero ser pato. Si, quiero ser un pato.