Nux fulguris

Categoría Textos

Beatriz y Veronica

Hora del almuerzo, mediodia, preescolar.

No puedo voltear a verlas a la cara. Me muero de verguenza y estoy rojo y apenado: me encuentro volteando en direccion contraria. Aunque estamos sentados en la misma mesa. Me encuentro terriblemente incomodo. Quisiera estar en la casa frente al televisor mirando las aventuras de los japonesitos de ojos rasgados. O en mi cama husmeando entre las cobijas. Y no aqui en este medio dia horrible de escuela frente a las dos niñas mas bonitas del mundo entero que me miran cohibidas y sorprendidas y en realidad halagadas mirandome insistentemente y preguntandose por qué este pobre menso se muestra rojo como tomate escondiendo la mirada y pellizcandose las manos y pataleando frotando el culo en la ruidosa silla metalica. Me muero. Creo que no tengo cabellos. Estoy pelon. Olvide vestir y estoy encuerado. Se me nota inmediatamente que ese par de niñitas me gustan horriblemente: nunca en mi vida, mi corta vida, habia visto cosas semejantes. Estoy sucio, olvide ir al baño. Me orine encima. Cuando preguntaron la mas facil no supe la respuesta. Desarmado. Me siento insignificante. Impuro. Un miserable gusano ¡Quiero mi television y mi cama!

Calavera timida minimizada
Calavera

Entonces subí al tren (introducción)

En otro tiempo, cuando aun era joven y solía ir por la vida sin meditar las cosas importantes ni hacer caso de lo que recomendaba el buen juicio, me fui de la casa. Recuerdo que entonces tenia demasiadas energías y todo el tiempo lo pasaba en las calles comiéndome el mundo a mordidas lujuriosas. Entonces me fui.

Subí al primer autobús que pasó en aquella tarde confusa y simplemente desaparecí. No recuerdo que nadie me aconsejara ni me invitara a irme. Solo es que sucedió. Me fuí durante tres meses. Y durante todo ese tiempo el mundo se convirtió en un flujo confuso de situaciones desesperadas que exprimieron de manera apremiante mi atención al punto de que no tuve tiempo de reflexionar (en realidad nunca en mi vida había reflexionado en lo que hacia) acerca del lugar en donde me encontraba ni de los motivos que me habían llevado ahí.

Era un aquelarre.

Tenia amigos que invitaban y que luego desaparecían. Tenia sueños donde alcanzaba las nubes y donde escapaba con los regalos. Nadie me alcanzaba. Desmadraba las ilusiones. Las profecías se cumplían. Las sonrisas se obsequiaban. Sin recompensas. Sin exigencias. Sin complicaciones.

Un día desperté y estaba de vuelta en casa. Y nadie hizo preguntas. Y el mundo continuaba girando con esa ingenua y apacible peculiaridad cotidiana que el mundo tiene desde que es mundo y que nadie le puede negar ni discutir sin correr el riesgo de acabar atado en una cama de hospital con la cara babeante, derrotada y sin esperanza alguna.

Aprisa (ficción)

Introducción

Hoy no fui a trabajar. Ni siquiera avisé ni nada. Nada más no fui a trabajar. Resulta que por la mañana me desperté muy temprano y me di cuenta de que sería un día soleado y sin nubes, me sentía muy tranquilo y sin perturbaciones (aunque tenia un día complicado). Cuando llegue al Fondo para Niños de México con A eran justo las ocho de la mañana y enseguida me recibió. Instalé las últimas modificaciones mientras A preparaba café. Todo hubiera estado perfecto si no es que me demoro diez minutos más de lo previsto: eran las nueve y diez minutos cuando tuve que salir de ahí corriendo y luego subir a un taxi y bajar de nuevo porque la calle estaba completamente invadida y entrar al metro y salir y correr y bajar escaleras y subir escaleras y detener otro taxi y explicar direcciones laberínticas para llegar al trabajo donde ya me estaban esperando desde las nueve de la mañana.

Un ritmo más calmado: desastre

Iba en el segundo taxi cuando advertí que pasábamos enfrente de la cervecería modelo. Me sentí mejor porque ya casi lo había logrado. El sol seguía en lo alto y supongo que casi daban las diez. Pero estaba mejor. La ventanilla del taxi completamente bajada dejaba entrar el viento que me pegaba en la cara. Íbamos corriendo a toda velocidad sobre la calle despejada, delante de nosotros un motociclista aceleraba alborotado y feliz haciendo un escándalo festivo en medio de la mañana luminosa. En la radio sonaba un jazz desconocido y de repente ya estaba inmerso en recuerdos cálidos de cuando íbamos a Chapultepec todos juntos y recorríamos esas mismas calles llenas de sol en excursiones felices, papá acostumbraba llevarnos caminando al bosque y todos éramos felices cantando canciones inofensivas mientras recorríamos aquel trayecto jugueteando en las vueltas y en las paradas. Entonces el taxista interrumpió mis recuerdos al tocar el claxón para llamar la atención del auto que iba cerrándose enfrente de el. Una mujer joven lo conducía. El taxista la rebasó ágilmente pero puede darme cuenta de que se trataba de una mujer muy hermosa. Lo siguiente que vi enfrente del taxi, íbamos muy rápido, fue al motociclista que, para esquivar un bache en el camino, dio una vuelta absurda que lo hizo caer y rebotar justo frente a nosotros. El taxista miraba por el retrovisor a la mujer del auto rezagado y sin poder evitarlo, sin detenerse, con esa velocidad inaudita que llevábamos, le pegó al motociclista y lo fastidio con un estruendo escandaloso arrancándole la cabeza con un estremecimiento del vehículo y un sonido macabro (sin transiciones todo se había vuelto de ensueño, de pesadilla). No sé cómo fue que sucedió pero la cabeza del motociclista saltó, rebotó, giró y aterrizó, a través de la ventana abierta del taxi, justo en mis piernas. Aun estaba viva porque los ojos abiertos al máximo miraban aterrados que el mundo se les terminaba en un baño absurdo de velocidad violenta indescriptible mientras la sangre explotaba sobre mi salpicándome entero e instalándome un terror nauseabundo que no me he podido quitar con nada. Por eso no fui a trabajar.

19.12.2002Este bloG (y fulguris en realidad) cumple tres años. Y tengo la historia de un gaTo ^___^

Un día el gato estaba buscando novia. Decidió que tenia que ponerse en movimiento si quería encontrar novia pronto. Se consiguió un trabajo haciendo comerciales en televisión. Exterminó a todos los ratones del vecindario para ganar fama. Tenia peleas todos los días con los perros callejeros tratando de obtener respeto. Ayudaba a las viejecitas a pasar la calle y cuidaba niños pequeños en sus ratos libres. Era el gato mas esforzado y bien portado de la comunidad felina, tenia el respeto de sus enemigos y una reputación intachable. Sin embargo el gato no veía resultados, no podía conseguirse la novia que necesitaba. Aunque todo el mundo lo admiraba y las pequeñas gatas solteras del vecindario pasaran la noche entera maullando bajo su ventana.

Pero era un gato necio. Firmo un contrato para una película de aventuras felinas. Recorrió el mundo entero y gano los premios mas inalcanzables. Se volvió el gato mas famoso de la galaxia entera.

Pero de su gata pareja no veía ni rastro siquiera.

Mejor, si, mejor.

No es difícil bajar del árbol. Bajamos como demonios a recoger semillas, basurillas que la gente deja. O alimañas extraviadas. Todo el tiempo tenemos hambre. A veces mejor dormimos lejos de las miradas, así olvidamos el hambre. Cuando es de plano necesario, bajamos. Recuerdo cuando estábamos en jaulas y nos daban comida, entonces estaba bien. Diario nos daban comida, semillas sobre todo, cáscaras y plantas verdes. Pero no nos gustan las plantas verdes. Un árbol no se come. Un árbol es una planta verde. Un árbol nos sirve para dormir y protegernos. Pero no se come.

Pato

A veces sucede que son días soleados y podemos bajar de los árboles sin necesidad de preocuparnos demasiado. Son días sin gente porque el parque esta cerrado. Entonces llegamos hasta el lago y miramos a los patos. Un día quiero ser pato. Flotar con mi culo emplumado y recorrer todos los rincones de esa gigantesco lago donde sopla el viento y donde brilla el sol y donde no hay peligros ni complicaciones. Los patos hunden su cabeza en el agua verde y dicen cua cua y se juntan en corrillos a platicar sus aventuras. Sus pato-aventuras. Los patos nunca se pelean, todos son amigos, siempre están echando desmadre. Además, los días de gente no tienen que preocuparse por nada: la gente no puede alcanzarlos porque ellos viven en la isla central del lago y andan flotando ahí y la gente nada mas lo ve pero nunca intenta hacerles daño. Eso es un misterio: nosotros si tenemos que cuidarnos. Arriba de un árbol. Porque ellos te agarran y te maltratan y te quieren llevar a lugares lejanos y si traen compañía como gatos o perros esos nos comen a mordiscos o nos corretean y nos asustan con sus dientes filosos y sus garras feroces.

Las ardillas somos mas chicas. Por eso subimos a los árboles y desde ahí observamos todo alrededor y, cuando se puede, bajamos a comer cáscaras o alimañas inofensivas o alguna semilla olvidada, como nueces o frutas pequeñas.

Pero casi no me gusta ser ardilla. Porque siempre me ando cuidando del peligro y, además, siempre tengo hambre. Mejor quiero ser pato. Si, quiero ser un pato.

xomBi en la laGuna de las ranas ::

Dice la historia que había una laguna donde cuando pasabas después de un largo recorrido a través del desierto y te detenías a beber agua y en realidad sofocado y sin fuerzas para dar otro paso mas, te detenías, digo, a beber agua y saltaba una rana que se te ponía a hablar ahí mismo. Entonces al instante siguiente salían mas ranas y te preguntaban miles de cosas acerca de tu viaje, eran ranas curiosas que querían saber quien eras y por qué habías decidido cruzar ese desierto; y te preguntaban tu nombre y miraban, curiosas realmente, tus zapatos gastados y la mugre en tus ropas y tus cabellos descuidados. Y te preguntaban y te preguntaban y te preguntaban. Tres veces, dice el viejo sabio. Entonces dice la historia que si querías seguir caminando y llegar al final de aquel árido desierto caluroso y habitado por alimañas venenosas y sabandijas que querían devorar tu alma, entonces tenias que comerte a la primera rana, la primera que saltó y que se te puso a hablar ahí mismo, te la tenias que comer de un mordisco violento en un movimiento inmediato. Entonces todas las ranas desaparecerían al instante siguiente y tu podías seguir adelante para llegar al final de aquel puto desierto agobioso y como un infierno eterno. De otra manera las ranas te seguirían preguntando y al final te convencerían para quedarte con ellas en esa laguna, te darían alimento y te contarían historias inverosímiles en pago por todos los detalles del viaje que tu estabas haciendo y les habías contado.

Las ranas son verdes. Y resbalosas.

Los zapatos de verano

:: minimo relaTo de cuartiLLa y meDia ::

Hoy encontré a Valona cuando llegaba del trabajo. Ella regresaba con una bolsa de pan y unos refrescos. Tenia los ojos brillantes y una sonrisa encantadora. Anoche, me dijo, el Mijo me aviso de la colación, pensé en ir a tu casa para pedirte que fueras pero Mijo me aviso que ya se habían puesto de acuerdo ¿Te gustan mis zapatos?, los compré con el primer salario que gane. Eran unos zapatos de verano que dejaban ver sus pálidos piececitos desnudos, le dije que si y su rostro se ilumino mas intensamente. Me dio un beso en la mejilla al despedirse no sin antes asegurarse que me vería en lo del Mijo. Cuando más tarde pase a la tienda de Cuco por las botellas de ron advertí que ya todo el vecindario estaba enterado y expectante por la colación del Mijo, pretexto y derroche para leer su multipremiado cuento. Cuco estaba feliz porque por fin se presentaba la ocasión donde podría leer ante un publico abundante los pastiches que escribía con regularidad. El llevaría los refrescos y me pidió comprar ron cuervito que dijo, era el mejor que había.

La reunión pudo haber pasado por aburrida de no ser porque Valona por fin se decidió. Todos estuvieron bebiendo y hasta Ella se tomo una copita de batracio, como se llaman las extrañas mixturas que aquí preparan con celo. Cuco leyó sus pastiches. No estaban mal y recibió elogios de la mayoría. Valona juzgó que el mejor era:


Átrida patriota come ofrendas
Devuelve ya los chocolates
La tumba por Dios ha sido abierta
Y el muerto llora por tus desplantes

Los zapatos de Valona aparecieron durante la lectura de un cuento de Belinda Lee. Apenas iniciaba la segunda ronda de batracios cuando Ismael leyó “Huracarrana: la novia de Alberto” titulo del cuento que daba nombre al libro de la menciona artista; Ismael tuvo que leer dos veces el fragmento de los zapatos porque Cuco hacia ruido insistiendo en que escucháramos su mejor pastiche. El texto aludido hablaba de unos pies desnudos en zapatos estivales, iluminados por la luz de mediodía, y describía con deliciosa demencia las insanas lujurias provocadas en el personaje principal que ansiaba hincar los dientes en ese pálido espectáculo. Le dije a Valona que Belinda bien pudo inspirarse en mi viéndola a ella hoy en el crepúsculo cuando con su bolsa de pan y sus delaware la encontré. Estival y hermosa, con sus zapatos de ninfa en el bosque. Desgraciadamente la totalidad del cuento nada tenia que ver con aquello: Juana, la hermosa novia de Alberto engañaba a este con un prospecto a luchador que empezaba sus carrera -triunfadora- en la triple A, hacia el final Alberto retaba al futuro ídolo de las masas a pelear por la susodicha y le acomodaba una golpiza espectacular, pero Juana la rana defendía al debilucho deportista y futuro luchador de televisión y con artimañas demasiado elaboradas despellejaba al pobre Alberto. La moraleja, dijo Ismael, era que nunca te acuestes con una hembra insegura que seguro no sabe lo que quiere. A lo que todos le reclamaron por lo fuera de lugar, inconveniente y poco inteligente (y baboso deslizo Valona) que había dicho (y leído).

Luego Mijo leyó su cuento. Solo que Valona se empezó a sentir mal. Le dije que si comía algo seguro se le pasaba, pero En la casa no tengo nada para darte a lo que ella respondió Tengo pan en la mía y pronto desaparecimos para perdernos el cuento Tan Esperado.

Mijo se enfadó. Ismael rompió el libro de la Belinda Lee porque dijo La verdad si esta bien culero. Cuco y Mijo no aceptaron bajo ningún concepto lo que Ismael había hecho, Lo que sea pero arruinar un libro jamás, dijeron, y ambos le pegaron al borracho que, de tan perdido, no pudo defenderse.

Valona me dejo darle un masaje de pies. No se los mordí pero si termine besándolos. Después de que hubo comido algo se aventuró a pedir otro batracio, brindamos por su trabajo nuevo y por el relajo que se armó en el vecindario.

Ismael prometió financiar la publicación del cuento del Mijo y de los pastiches de Cuco. Solo así dejaron de pegarle.

Hacia mas tarde todos cooperaron para comprar más botellas. Pero Valona y yo ya no estábamos ahí.

Hicieron escándalo toda la noche.

Supongo que no dejaban dormir.


Contrastes

Va una historia chiCa

Aunque se dijera mil veces que se sentía mal, tenia que levantarse. Tenia que levantarse y echar a correr. Escapar de todo eso. De eso que ya se le echaba encima. Mirar todos esos rostros desfigurados para ayudarlos a recomponerse. Sonreírles y decirles, estoy bien, no me paso nada, de veras, estoy bien. Pero le dolía respirar, le dolían los huesos y no se podía mover. Cerro los ojos. Al instante siguiente ya no estaba ahí. Aterrada, los abrió violentamente. Cada vez había mas rostros. Y voces, lejanas voces que algo gritaban. Pudo, con gran esfuerzo, levantar la cabeza, pero le impidieron seguir. No te muevas, creyó que decían. Ahora estaba llorando porque sabía que se iba a morir. Y sus lagrimas caían sobre su rostro como de un recipiente roto que ya no puede contener nada. Allí tirada sintió que un viento helado se desataba. Y toda esa gente a su alrededor era parte misma de un doloroso y violento remolino de polvo frió que le nublaba la vista y le obligaba a parpadear repetidas veces. Recordó que era de noche. Era de noche y podía ver cada detalle de esa multitud alrededor que esperaba una ambulancia mientras ella, ahí tirada, sin remedio, sin esperanzas, sentía como eso se le echaba encima y lentamente la desintegraba.

El fin de semana:

  • Sikanda: una historia llena de luz.
  • Bycho: un diBujo que me da envidia.
  • Y eso SI es un chaT

Esto empieza

Entonces estaba realmente perdido y en el límite. Les avise que me iba a dar una vuelta y les deje con sus excursiones tontas y sin sentido. De primero aproveche para comer y no gastar demasiado dinero. Comimos y yo pedí cerveza, tortillas calientes. Estaba tan hambriento que hubiera muerto sin demasiados tramites. Después decidieron recorrer aquel simple centro comercial demasiado poca cosa y pueblerino como para hallarse en el centro de aquella ciudad fronteriza. Después de soportarlos estoicamente y luego de que todo estuvimos juntos —se habían extraviado entre los locales comerciales al separarse para ver uniformes deportivos— les dije que después los alcanzaba y que no se preocuparan —¡jodanse! debí haber agregado. Pero ya no tenia tiempo, demasiado desesperado y ansioso por mirar con mis propios ojos y para conducir mi propio tour en aquella ciudad mágica y atrayente, seductora, bulliciosa y estridente, aunque ello significara acercarme al limite, siempre al limite, y ponerme enfrente de esa realidad donde el mundo alardeaba desmadre total y alrededor todos se apretujaban y brincaban platicaban y decían y bebían cerveza y golpeaban y gozaban siempre al alcanzarte en la boca un golpe de bestia que te hacia saltar los dientes y llorar adolorido y asfixiado. Pero esa situación era mejor pinchemil veces mejor que ir uno detrás de otro en los pasillos de ese insípido y aburrido centro comercial estrecho y agobiante mirando los cds y la ropa deportiva y la cartelera de los multicinemas y las super películas todas emocionantes del pobre señor de dientes como conejo sonriente y un poco idiota y los títulos de libros y los equipos de sonido y mirando a las muchachas cogidas de la mano, melosas y espectaculares, de-li-cio-sas, y que dicen de comprarse ese vestido y y y pensando pensando pensando siempre pensando como monos bilingües y atrabiliarios sin atreverse nunca a alcanzar la mano y… Pero entonces ya, me encontraba en esa avenida ajena y limpia y con árboles en las aceras llena de autos y actividad y luces pues estaba anocheciendo y era casi —justo jueves— fin de semana y tal. Levante la mano y el taxi se detuvo. Subir. A la avenida constitución, no hice sino decir, en extremo confuso y desatado, y entonces me descubrí, como decía al principio, perdido en una ciudad extraña y ajena y en el límite pero todo de puta madre en realidad porque por fin había escapado y me lo estaba montando y seguro, si, seguro, aquélla vez, por fin, La encontraría.

Y ya.


capitulo-inconexo-y-desesperado-de-un-germen-historia-idea-es-pon-ta-nea-y-tal



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