A veces sigo siendo un puto capullo ingenuo y desactualizado lleno de bromas con la cabeza confusa ora arrogante ora humilde ora desesperado ora increíblemente tranquilo y mesurado y sin sentido calmado. Estaba dormitando desde las 4 de la mañana muriéndome de frio y pensando que bien debería salir de la cama para buscar mas cobijas. En un momento determinado comprendí que tenia que ponerme en movimiento porque la hora había llegado, digo, he desarrollado un sentido muy incomodo de la hora exacta, sin reloj y sin ayuda, así, a pelo, como diría mi gran amigo Fidencio, que sigo elaborando fantásticas teorías acerca de cómo debería ser el mundo y que no se cansa nunca de las heridas ni de los chichones, buscando, buscando, siempre buscando, recorriendo los callejones, platicando ante mesas llenas de botellas la música estridente los empujones de la gente, los televisores que salta con los gritos, el policía que se bebe un trago contigo y murmura maldiciones y platica aventuras y después te deja para seguir recorriendo las calles, llenas de mujeres, de bebida, sin frio; me desperté digo y me saque las cobijas, a punto de ponerme de pie mirando en la oscuridad el techo de madera comencé a decirme, de la nada, incoherentemente, con la necedad mas absurda del adolescente enamorado, de la abuela satisfecha, los niños corren en el jardín, patean la pelota y suben a las resbaladillas, me dije digo, ¿no deberías estar feliz? estas vivo, puedes ponerte de pie, tienes un día completo para ti solo por delante, puedes pensar e imaginar y planear y hacer, puedes comer y beber de las botellas y hablar y platicar y correr y escribir y leer y echar desmadre ¿no deberías estar completamente feliz?
Un dia soñé que estaba aqui sentado frente a la computadora como estoy en este momento y tenia el cabello revuelto y llevaba mas de cinco dias tirando lineas de código sin parar y de repente me ponia de pie, me levantaba, volteaba y decia: “si, estoy bien, estoy bien, ya voy a terminar” y comenzaba a ir al pasillo, y volteaba, digo, y me iba de lado.

A veces pretendo que estoy curado.
Amanece, dia de campo, el rostro despejado, quiero jugar todo el dia, mis dedos blancos sucios de tierra, ardillas, comida, los patos en el estanque, un niño que grita, globos multicolores, las fuentes de agua limpia
Ahito, juro promesas indescriptibles.
Para subir a la casa tengo que hacer acrobacias en la escalera tubular. Hay partes que no estan completas. La casa tiene amplio el pasillo. Esta el sillon frente a la televisión, detras la ventana principal. Ya sabes, en el cuarto donde duermo hay una bandera de mexico pegada en la otra ventana, hay una computadora. La puerta no esta cerrada. Dentro esta oscuro. Hay luces metiendose de afuera.
Si salgo del 4o piso y me escurro por las paredes hay pajaros en los alfeizares.
Estaba amaneciendo. Dormité toda la noche con la música de la fiesta en mis oídos. Las luces parpadearon todo el tiempo.
Alguien se dejo encendida la radio y en la penumbra, casi inaudible, la música vieja de aquella estación se quedo grabada permanentemente en mi cabeza.
Han pasado cerca de 30 años y aquí sigue.
Estoy frente al monitor y es la una de la mañana, escucho una vieja canción mexicana y recuerdo.
Recuerdo que estaba amaneciendo.
En la mañana despertamos con ganas de comer algo.
El sonido de los pajaros y de los gallos.
La luz del sol.
Chapoteamos en el rio.
Lavamos nuestra ropa.
Eramos batracios.
Eramos grillos.
Verdes los caminos.
Limpidos los cielos.
Llueve
Atravieso la calle
Miguel grita “diente!”
El agua salpica
¿Como fue? ¿Me escuchaste y dijiste ahora te toca? Ploc Ploc Estabas dormida. Afuera había llovido toda la noche. A mi los sueños me habían perseguido todo el tiempo. Estaba oscuro y llovía. Pero hacia calorcito en nuestra mítica cueva. Vi dos pájaros extraños en las enredaderas de nuestra puerta, ocultos entre las ramas, sus ojos brillantes, que parpadeaban, me dejaron verlos, tenían plumas coloridas, entrelazadas, eran diamantes de figuras geométricas, mates, y sus picos enormes, amarillos, que se abrían lentamente para sujetar la siguiente enredadera. El cielo retumbaba, luces dramáticas, nubes apretadas. Desperté y seguía oscuro. Fue cuando te llamé con mi voz de ensueño: ¡despierta! ¡despierta!
Tu estabas durmiendo, soñabas en un jardín pegajoso, de mediodía, gotas escurriendo de las ramas, confundiéndose con el follaje, tenias tus pies desnudos, no querías pisar las mariposas de alas multicolores, los escarabajos redondos, brillantes, las pequeñas criaturas aladas que te zumbaban alrededor trazando figuras frente a tus ojos, había pájaros presumidos con vestidos de sol, con plumas rimbombantes, en sus cabezas pequeñas, saltonas, verdes amarillas, rojas, redondos ojos que daban la vuelta mirándolo todo, lentos, relamidos. Y la luz. Una luz que te llenaba inundando todo de calor y de vida. Como abrazo. Como caricia. Como saludo. Voz. Tamborileo. Buenos días. Buenos días.