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Categoría Jack Kerouac

Los Orígenes de la Generación Beat (IV)

Desde que se supone que soy el portavoz de la generación beat (desde que se me ocurrió que usaramos ese nombre, este y mi generación han cobrado brillo) se debería de haber hecho notar que todo el destripadero “beat” se remonta a mis antepasados bretones, quienes formaron un grupo de nobles de los mas independentistas de la vieja Europa, y que lucharon contra el poder centralista de Francia hasta el ultimo momento (en un barco mercante me encontré a un rubio grandulón a quien le conté que mis antepasados eran bretones de Cornwall, Bretaña, este hombre roncó: “¡Y por qué nosotros los vikingos, teníamos la costumbre de invadirlos para robarles sus nidos!”) No hay ninguna diferencia entre un niño loco, un bretón, un vikingo, un indio ni un irlandés. No debe haber ninguna desconfianza sobre los miembros de la generación beat porque, al menos en sus corazones, forman un grupo nuevo de estadounidenses que buscan el gozo… ¿Hacer esto es irresponsable? ¿Quién no ayudaría a un moribundo en la carretera? La generación beat ha vuelto a organizar las fiestas salvajes que mi padre acostumbraba entre 1920 y 1930, en Nueva Inglaterra, ese tipo de fiestas que eran fantásticamente ruidosas y que no dejaban dormir a la gente en muchas cuadras a la redonda, y si llegaban los policías siempre les brindaban un trago. Es un regreso a la infancia, salvaje y frenética, de los juegos con las sombras bajo los árboles golpeados por el viento del otoño jubiloso en Nueva Inglaterra; al descubrimiento del Hombre Luna por su aullido que retumbaba sobre el montón de arena, hasta que lo veíamos sobre un árbol (él siempre era mayor que nosotros, como de quince años); al grito maniático de ciertos niños locos del vecindario; al humor furioso de todas las pandillas que jugaban basquetbol hasta que oscurecía en el parque. Es un regreso también a los días locos de antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando los adolescentes tomaban cerveza los viernes por la noche en los tugurios de Lake y dejaban atrás las crudas jugando béisbol el sábado, y luego se zambullían en el arroyo –y nuestros padres usaban sombreros de paja al estilo W.C. Fields. Es un regreso a la insensibilidad balbuceante de los Tres Chiflados, los delirios de los hermanos Marx (y a la ternura del ángel Harpo con su harpa).

Los Origenes de la Generación Beat
Jack Kerouac, 1959

Los Orígenes de la Generación Beat (III)

Hace poco Ben Hech me pregunto en la TV: “¿Por qué tienes miedo de hablar enloquecidamente? ¿Qué cosas están mal en este país? ¿De qué tienen miedo los demás?” ¿Me estaba interrogando a mi? Lo que el quería es que hablara enloquecido “en contra” de la gente, el ha escarnecido a Dulles, Eisenhower, al Papa, y a gente como esa, con Drew Pearson; los pone “en contra” del mundo del modo que a el le gusta, esa es su idea de libertad (lo que el llama libertad). Quién sabe, Dios Mio, pero el Universo no es un vasto mar de compasión, no es la genuina miel bendita, bajo este espectáculo farandulero de personalidad y crueldad. Quién sabe si no se trata de la soledumbre de la unicidad de la esencia de todo, la soledumbre de la presente unicidad de lo innato en la esencia nonata del todo, nada de la verdadera y pura infinitud, ese gran potencial hueco que puede darle brillo a cualquier cosa que quiera desde su pertrecho, esa beatitud flamígera, ¡El Mattivajrakaruna Diamante Compasivo Trascendental! Yo quiero hablar por las cosas. Hablo por el crucifijo; por la Estrella de Israel, por el hombre mas sublime que haya existido quien fue un alemán (Bach). Hablo por el dulce Mahoma; por el Buda, por Lao Tsé y Chuang Chou. Hablo por D.T. Suzuki… ¿por qué voy a atacar lo que amo en la vida? Esto es beat ¿Amas a tu vida?; ámala en este momento. Cuando te llegue el aliviane ya no estarás en una simple casa de cristal , sino que tu carne será de cristal.

Aquella foto mía, salvaje y fogosa, en la portada de En el camino, donde me veo tan beat, se remonta a antes de 1948 cuando John Clellon Holmes (autor de Go (Andar) y The Horn (La trompeta) y yo nos sentamos a platicar sobre el significado de la generación perdida (que nos antecedía) y del consecuente existencialismo. Recuerdo que le dije: “¿Sabes?, la nuestra es una generación beat (golpeada)”. Holmes brincó y dijo “¡Eso es! ¡Cierto!” Creo que los asuntos de esta generación se remontan a 1880, cuando mi abuelo Jean-Baptist Keroauc acostumbraba a salir al porsche de la casa durante las grandes tormentas y, moviendo su lámpara de kerosene ante los relámpagos, gritaba: “¡Avanza, ándale si eres más poderoso que yo golpéame y apaga esta luz!”; mientras su esposa y sus hijos se acurrucaban en la cocina. Y aquella luz nunca se le apagó.


La Generación Beat
Los Origenes de la Generación Beat
Jack Kerouac, 1959

Los Orígenes de la Generación Beat (II)

Al tercer día la revista Mademoiselle quiso publicar fotos de todos nosotros; asi que pose con mi cabello salvaje y el crucifijo. Con Gregory Corso, Allen Ginsberg y Philip Whalen. La única publicación que no borró el crucifijo de mi pecho (sobre aquella camisa de manta sin mangas) fue The New York Times; por consiguiente The New York Times es tan beat como yo, y me da gusto tenerlo como amigo. Lo digo con sinceridad, Dios bendiga a The New York Times por no haber borrado el crucifijo sobre mi camisa, como si fuera algo desagradable. Y en los hechos ¿quién es el verdadero beat? Si tomamos la palabra beat como “noqueado”, los que borraron el crucifijo son unos noqueados, pero no The New York Times ni yo, ni mi amigo el poeta Gregory Corso. A mí no me avergüenza usar el crucifijo de mi Dios. Soy un beat porque creo en la Beatitud, y en que Dios amó tanto al mundo que le entregó a su único hijo. Estoy seguro de que ningún sacerdote me condenará al usar un crucifijo por fuera de mi camisa, en cualquier parte, sin importar el lugar donde yo esté; ni porque me tomen fotos en la revista Mademoiselle. Son otros los que no creen en Dios. Son esos aguzados sábelotodos marxistas y freudianos ¿Por qué no regresan dentro de un millón de años, angelitos, y me vuelven a hablar de todo el asunto?

Jack Kerouac, 1959
Publicado en la revista Generacion
Agosto-Septiembre 1997



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