En determinadas épocas del año escribir un post es como una idea que tienes y que luego se va. Una que no logras retener. Como el humo del agua hirviendo. Como las burbujas que aparecen bailarinas y que te suben por todo el cuerpo cuando estas contento y acabas de beber un red bull. Dices “voy a escribir un post” y treinta y siete horas y media después recuerdas que ibas a escribirlo y casi no puedes creer que no lo hicieras. Supongo que es el fin de año. A veces creo que bañar a jicotiLLo es más fácil que escribir un post. Aunque jicotiLLo se enfurezca y me arañe y tenga que buscarlo entre los tinaCos. Antes escribía posts cada media hora. Por montones. Era como ir a Six Flags deseando que nunca se termine el día. Un día fui a la feria de Chapultepec y me subí a la montaña rusa. De regreso armamos desmadre en las fuentes y regresamos empapados en la línea siete del metro. Con chichones y moretones de entusiasmo. La montaña rusa es como una velocidad hijadeputa y piensas que te vas a morir. Six Flags es peor. Cuando hago planes y preparo las cosas para salir a divertirme se de cierto que tardare en regresar un poco. Y baño a mi gato jicotiLLo y luego me voy.
Supongo que es mejor que escribir posts.

El sábado fui a comer pollo a Isabel la católica, la calle, y estaba todo tranquis mirando las ninfetas pasear por el centro histórico mientras daba mordiscos a una pata dorada de pollo. Era mediodía y había pedido coca y tortillas calientes y me preparaba unos bocados de pollo al horno que, mirándolo bien, me parecían un poco secos, pensé, le falta jugo a este alimento, di un trago a mi coca y seguí comiendo simpático y desinhibido. Entonces resulta que en un momento dado me llene la boca de comida y mastiqué y devoré y al segundo siguiente comencé a ahogarme ¡Mierda! pensé, no puedo tragarlo, no puedo, hice esfuerzos, perdí el aliento, miré la coca, las ninfetas, el plato lleno, hice otro esfuerzo, me ahogué y luego sentí que el puto bocado pasaba por mi garganta lastimándola y por fin pude respirar ¡puta madre! le dí un trago a la coca y me quede respirando todo avergonzado porque casi me había sofocado por mi puta desesperación por comerme entero el jodido y delicioso pollo de aquel sábado fin de semana paseando en el centro histórico de México DF la capital.

…me acuerdo que un día mi padre me había prometido veinte sueldos si le hacia bien una división; comencé, pero no pude terminar ¡Ah!, cuantas veces me ha prometido monedas, juguetes, golosinas, incluso una vez cinco francos si lograba leerle alguna cosa. Pese a ello, mi padre me puso a la escuela desde que cumplí los diez años ¿Para qué –me decía yo- aprender griego o latín? No lo comprendo. En fin, ¿qué falta hace? ¿Qué me importa a mi que me aprueben si el que te aprueben no sirve de nada en este país? Si, claro, te dicen que obtendrás un puesto si estas aprobado. Yo no quiero ningún puesto: seré rentista. Y aun cuando lo quisiera ¿para que aprender latín? Nadie habla esta lengua. Algunas veces lo veo en los periódicos; pero, gracias a Dios, no voy a ser periodista ¿Para que aprender historia y geografía? Es verdad que es necesario saber que Paris esta en Francia, pero nadie pregunta a que grado de latitud. De la historia, aprender la vida de Chinaldon, de Nabopolasar, de Dario, de Ciro y de Alejandro, y de sus demás compadres notables por sus nombres diabólicos, es un suplicio.
¿Qué me importa a mi que Alejandro haya sido celebre? Que me importa… ¿quién sabe si los latinos hayan existido? A lo mejor es una lengua inventada; y aun cuando hayan existido, que me dejen ser rentista y se guarden su lengua para ellos ¿qué mal les he hecho yo para que me impongan tal suplicio? Y pasemos al griego. Esta sucia lengua no la habla nadie, ¡nadie en el mundo!…
¡Ah! ¡mecachis de contramecachis! ¡diantre! Yo seré rentista. No tiene nada de agradable eso de gastar los pantalones sobre los bancos de clase ¡caramba!
Para ser limpiabotas, para ganar un puesto de limpiabotas, hay que pasar un examen; pues los puestos que os ofrecen son de limpiabotas, o porquero o boyero. Gracias a Dios, no quiero nada de eso ¡canastos! Además os hinchan a mojicones por toda recompensa; os llaman animal, cosa que no es verdad, pedazo de hombre, etc…
¡Ah! ¡recanastos!
Arthur Rimbaud
Y si, es la lectura de un texto de Rimbaud, podcast del Jefe Rimbaud. Adelante.
Si no quieres esperar demasiado:
» Un texto de Rimbaud, Prólogo (64 Kb/s) (3.072 Mb)
Se escucha mas nítido:
» Un texto de Rimbaud, Prólogo (96 Kb/s) (4.608 Mb)
Y mas y mas nítido:
» Un texto de Rimbaud, Prólogo (128 Kb/s) (6.144 Mb)
La ultima vez que fume cigarrillos quede mareado todo el día. Prometí no volver a las andadas y tiré la caja de cigarrillos a la basura. No me gusta cuando me doy cuenta de que acabo de cagarla. Por una parte soy un cabrón afortunado. Por la otra me desanimo porque tengo que esperar a que se me pasen los efectos. Y aunque en el mundo de todos los días siempre hago alarde de paciencia y estoicismo, se de cierto que mientras escriba en este blog nadie se apresurara demasiado a reclamarme mis berrinches y desenfados.

Fumar cigarrillos es una putada. No volveré a coger un desgraciado cigarrillo aunque me vaya la vida. Tener adicciones es como maldecir en voz baja: nadie se da cuenta del daño que te haces a ti mismo hasta que te llevan al psiquiátrico con chichones y rajaduras.
La próxima vez estaré preparado.
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. bellaCo bebía jugo de naranjas mientras escribía en su cuaderno de viajes cuando escuchó una voz que le salpicó la cara. Comenzó a reírse descontroladamente porque la voz le hacía cosquillas y le quitaba la respiración.
Había pasado tres días escribiendo en su cuaderno de viajes sin darse cuenta de que la marea había subido. En las historias mágicas que escribía había higos enterrados y animalillos del bosque como pájaros y abejas y mariposas y zorritos peludos. Pero de animales marinos nada. El agua salpicándole y la risa descontrolada le devolvieron a la vida real donde pececillos multicolores y todo tipo de animalillos marinos le miraban sorprendidos sus colmillos filosos de perro mientras se reía como demonio, fascinado por la voz de la sirena aquella que la marea había traído.
En su efímera y singular vida bellaCo jamás había visto una sirena. En su infinitos viajes por otros planetas tampoco. Nunca había escuchado una voz como aquella que resplandecía como agua salpicándole y sacándole risas espontáneas que le hacían revolcarse festivo en la arena de aquélla playa submarina.
Recuerda que paso la tarde entera cagandose de risa por las cosas que la sirena le contó y sorprendido con la cola de pescado que la sirena tenia y enamorado de sus colmillos de perro que… ¡Las sirenas tambien tienen colmillos filosos de perro!
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. bellaCo estaba soñando que bailaba con Büilare. Era una canción que cantaban unas lombrices mientras masticaban sugus de naranja. Ambos se morían de risa porque las lombrices con sus dientecitos filosos les provocaban dolor de estomago. Estaban felices porque apenas comenzaba la primavera y había árboles morados por todos lados, además, podían comer puños de azúcar sin enfermarse. Era el cumpleaños de Büilare.
- ¡Dibújale una cola de perro, dibújale una cola de perro! -comenzó a decir una vocecilla en el sueño de bellaCo.
A Büilare le salió una cola de perro y bellaCo casi despierta de la impresión. Entonces la abrazo mas fuerte concentrándose en el canto de las lombrices y en los sugus anaranjados. Le dolía mucho el estomago mientras Büilare terminaba de convertirse en perro. Las lombrices cantaban mas fuerte con dientecitos alevosos, maliciosos, codiciosos, desesperados.
De todos modos no queria despertar.

Un día quiero tener una visión. La gran visión. La que me hará comprender todo de golpe y solucionara las cosas. La que explicara los golpes en la cabeza y los arranques y las rabietas. Y entonces echare risas y, aliviado, comprenderé que caerse en el charco lleno de renacuajos y levantarse de ahí lloroso y enlodado no era para tanto. Y regresare los años para levantarme muerto de risa y sacarme de encima las pequeñas y resbalosas y pegajosas sabandijas aquellas y les pediré disculpas por sacarlas de su sueño acuático y desmadrar su charco de agua de primavera luminosa. Entonces ya no me va a preocupar nada. Porque será la visión que me arranque las faunas y los jicotillos que rondan mi cabeza a cada instante. Esos inexplicables arranques insensatos que duelen como apachurrones y que me dejan sin energías y con la cabeza dando vueltas y sin fuerza en los brazos temblorosos y fatigados y sin brillo en los ojos.
Si, quiero tener esa gran visión. Pero no quiero que sea la visión que se te echa encima cuando te estas muriendo. Cuando ya no tienes tiempo para arreglar las cosas. Cuando, irónica, te permite ver que todo el tiempo la estuviste cagando por nada. Y al instante siguiente te mueres y fin de la historia.