Estaba amaneciendo. Dormité toda la noche con la música de la fiesta en mis oídos. Las luces parpadearon todo el tiempo.
Alguien se dejo encendida la radio y en la penumbra, casi inaudible, la música vieja de aquella estación se quedo grabada permanentemente en mi cabeza.
Han pasado cerca de 30 años y aquí sigue.
Estoy frente al monitor y es la una de la mañana, escucho una vieja canción mexicana y recuerdo.
Recuerdo que estaba amaneciendo.
El fin de semana se me hizo larguísimo. Pase el sábado entero con mi mujer y su familia festejando, platicando, contando chistes y cagandonos de risa. Regalos. Abrazos. Por fin trabajé en algunas cosas importantes que tenia retrasadas desde hace meses. Dormí. La semana pasada desperté dos veces a las 4 de la mañana presa de un desconocido insomnio que me hacia vomitar al mediodía. Frio en todo momento. Era como si fuera tope alcohol. Cuando estas aun borracho y desvelado y lo único que quieres es dormir y resulta que lo único que tienes es un día entero para arreglar los asuntos cotidianos, un frio helado te acompaña en todo momento y tienes unas infinitas ganas de vomitar en los momentos menos convenientes.
Hoy que llego a la oficina siento que no me paraba aquí en semanas. Es raro. Traje una piñata de fantasma porque será día de los difuntos y si no me aferro a los detalles los días se pasaran volando y dentro de unos años estaré lamentándome cuando no tenga cabellos en la cabeza y mis dientes estén moribundos.
Hoy no estoy borracho. Mis días de fiesta han terminado, como dijo el señor que confeccionaba ficciones.
Solo estoy sorprendido porque el fin de semana se me hizo larguisimo y ni siquiera amanecí tirado en las alcantarillas cantando desesperado el muchacho aleGre o copa tras copa botella tras botella mientras el Rodrigo en La Muñeca, desolada, recoge migajas y las putas buscan alimentos en la horrible y miserable y fría y desesperada y agobiante e hijadeputa mañana de noviembre.
En cambio estoy completo y saludable y remilgoso (pero contento) rascándome la cabeza mientras el día se despabila y las nubes frías dejan paso al dios fulgurante, el gran sol, que promete bendiciones en este glorioso fin de año (¡ya empieza noviembre!) y será el día de los difuntos y tengo mi espectro-piñata y estoy contento y completo, energético y triunfador, escribiendo un post en este apacible y fulgurante blog azul.
Cuando hundo mi cabeza y abro mis ojos todo alrededor es azul y puedo ver tu silueta en lejania. Burbujas por todas partes. Ondas calidas atraviesan mi cabeza mientras aguanto la respiracion. Es como un sueño donde no puedes caminar o despertar o gritar o levantar la mano hablar decir algo cualquier cosa para que volteen a verte y sepan que estas presente. Entonces extiendo los brazos y me sacudo. Pez en el agua. Y comienzas a acercarte.
Mis pulmones explotan y mis brazos te alcanzan
La escena: era un hotel en un centro turístico importante y habíamos llegado a la hora del desayuno pero yo había despertado tarde y me levante corriendo para alcanzar los mejores lugares y olvide peinarme el cabello.
Hay personas que despiertan y están despeinadas, los cabellos revueltos, la mirada perdida, los sueños burbujeantes, hilillos de baba, pero con el puto cabello en su sitio, quiero decir, sin tenerlo como horrible remolino deforme.
Yo no soy de esos.
Entonces llegaba a la mesa y pensaba que lo mejor era ir a mojarme el cabello. Salí al patio y entré a los baños pero no había agua corriente, de esos lavabos lujosos que encuentras en los hoteles importantes, y salí de nuevo y atravesé al otro lado y tampoco vi una fuente de agua. Me moría de hambre. De modo que regrese a la mesa y ahí estaban todos y tuve que pedirles que se hicieran a un lado y me dejaran sentar. Entonces pusieron frente a mi un plato y en el plato dos panes. Los más deliciosos panes que había comido en mi puta vida. Unos panes suavecitos y dulces. Pero más suavecitos que nunca. Era como pan recién horneadito y calientito y tremendamente suave. Increiblemente suave. Recuerdo que en el sueño casi muero cuando le di un mordisco y me deshice en alabanzas de aquel pan deliciosos mientras me lo comía a mordiscos hambrientos en ese espectacular sueño desayuno cabellos revueltos y amigos búsqueda infructuosa de agua hotel lujoso vacaciones y hambre infinita con panes calientitos y mordiscos desesperados ^__^
Vamos a ver: la rueda de la fortuna te lleva hacia arriba, luego te lleva hacia abajo. Soñabas que paseabas en una feria donde había comida y gente y luces y musica y caminabas entre los carruseles mirándolo todo con tus ojos nuevos brillantes y sorprendidos y recuerdas que el cielo estrellado tenia coloridas luces que explotaban como infinitas piedras preciosas ¡cristales iluminados que se desvanecían al caer! Y jugabas con los peces de colores en el estaque festivo y llenaste tus bolsas con recompensas (te volvías cada vez mas ambicioso) (porque dijiste en voz alta que no querías que todo aquello se terminara). Creíste que soñabas cuando llegaste frente a esa infinita rueda de la fortuna. Iluminados sus discos. Con asientos coloridos. Compartimientos secretos. Y música.
En lejanía el castillo explotaba. Mas piedras preciosas. Amarillas, rojas, esmeraldas, violetas, blancas ¡estrellas veloces!
Fue solo subir para arrepentirte. Aullaste quiero bajar. Pero aquel monstruo comenzó a estrujarte. Giraba. Te asfixiaba. Aterrado, volviste a aullar ¡quiero bajar!
Y la fiesta, allá abajo, seguía, mientras tu visión se transformaba y el cielo explotando te alcanzaba, si, cuando la rueda de la fortuna te depositaba en aquel maldito cenit demente de una horrible noche imposible.

Noche
Es fin de año y en el trabajo todo esta callado y nadie parece tener nada que hacer, las calles están vacías y subes al colectivo y nadie te empuja y llegas a destino en tres patadas y las calles aparecen despejadas y tienes esa sensación de soledad, del tipo la gente ha desaparecido del mundo y estas solo y una desesperanza infinita es todo lo que en el futuro se presiente y no sabes que hacer ni a donde ir porque los centros comerciales están deshabitados y las salas de cine vacías y los platos de comida limpios en los estantes y los lagos del bosque solos porque los patos incluso, no están, y únicamente ves ardillas desenfadadas comiendo cascaras y raíces ajenas al peligro que no existe porque no hay niños que corran tras ellas ni perros que ladren ni el señor de los globos y las golosinas que pasa con su carrito de regalos y su silbatito azul anunciando la fiesta desaparecida, no hay fiesta, no hay gritos festivos, el chapoteo del agua y carreras y el delicioso almuerzos del mediodía, tragos de refresco,
porque
solo
estas
solo
y
no hay N A D A
como
cuando estas acostumbrado al bullicio de la ciudad y las maldiciones y los gritos y los empujones y la gente y ahora haces esto y ahora haces aquello y el dia se pasa como un demonio y no encuentras, cuando es media tarde, un lugar donde comer porque todo esta lleno y te mueres de hambre y tienes, al mismo tiempo, tan poco tiempo, al punto de que comes cualquier cosa, lo que sea, para regresar al trabajo y terminar los pendientes, antes de que termine el día, en esta insolente y absurda y enferma y desquiciada ciudad de México, D.F., la capital.

Es de noche. Pero no hace frío. Hace horas que camino. Quisiera que sucediera algo. Pero nada. Camino después de atravesar medio país tope alcoholizado escapando del aquellarre en que se convirtió mi vida. Esta vida festiva que traigo encima (ahora, en este mismo preciso instante) (este jodido instante en que escribo) con veinte uñas aferrada muriendose de risa mientras alrededor todo es silencio. Un día, cuando me fastidie en verdad, me voy a tirar de un quinto piso y aprenderé las lecciones y me dejaré de estupideces (y mi odiosa vida se ira a tomar por el puto culo y por fin podré deshacerme de ella).
He llegado al centro de la ciudad, esta ciudad desconocida, de medianoche, el primer jodido destino que pude atinar a balbucear, cuando llegue desconcertado, sin salvacion, a la central de autobuses, escapando de mi insensato destino. Escapando.
No tengo frio.
La idea de que el mundo frente a ti es una mera interpretación de tus sentidos y de que estos funcionan como un filtro que únicamente dejan pasar aquella información necesaria para “sobrevivir” en el ajetreo diario me parece coherente. Como una premisa intelectual. Quiero decir, las consecuencias acerca de que entonces una “realidad” mas basta esta al “alcance de tu mano” pero que No puedes ver NI puedes tocar, justo por tu condicionamiento de “ser humano”, aunque es tremenda, de cualquier manera, si te “pones a pensar”, suena lógica y es, digamos, aceptable.
Es como cuando le sacas una invitación a Esa Tipa que se cae de buena y que a fuerza de ignorar intencionalmente todas las mañanas, logras instalarle una suerte de interés de ti. La invitas y te dice que si. Sabes que lo demás es mero tramite. Aburrido y todo. Pero la tienes.
Solamente que en el tema de la Percepción y las Realidades Aparte a quien tienes que ignorar como un burro es a tu propia idea del mundo.
Esa puta idea del mundo que se cae de buena y que no desaparece de tu vista (no le puedes quitar la vista de encima) ni cuando vas y te duermes y tienes sueños estrambóticos y delirantes.
Y lo intentas y lo intentas y lo intentas y lo intentas y pasa de todo y te chorrean las manos de dulce y pasas la noche en vela escuchando música de Stone Roses y llegas a Tijuana y compras regalos y te metes a la cineteca y organizas reuniones de amigos y te enamoras y paseas en los centros comerciales y vas al dentista…
Y de pronto descubres que La Estas Ignorando pero que ella nunca se te ha quitado de enfrente. Intransigente. Como la partícula de la mecánica cuántica que se parte en dos para presumir su cola endemoniada de pavorreal mágico y que se muestra absurda si le diriges la palabra.
¿Y si vamos por partes?
Porque la idea de que no vemos el Panorama Completo no es tan abstracto como buscar el Paraíso Perdido ni como dormir todas las noches ordenándonos mirarnos las manos en sueños.
Sino que hemos olvidado cuando amanecía y aun estaba oscuro y corríamos a buscar los regalos y salíamos al callejón oscuro y presumíamos altaneros nuestro regalos nuevos a todos los vecinos que llenaban el patio oscuro en aquellas gélidas mañanas de festividades, desnudos con únicamente nuestra alegría desbordada y nuestras ilusiones del mundo nuevo donde La Idea aun no había aparecido.