Nux fulguris

Categoría Alma

Antes y despues

No tengo miedo. Han desaparecido los sueños. No me importan las llamadas telefónicas. La última vez Griselda apareció, me hizo señales y me prometió victorias. Pero no quiero saber nada. Recuerdo cuando caminábamos los pasillos. Desconocidos y al mismo tiempo enganchados. Griselda bebe refresco. Platica aventuras. Historias complicadas. Un día quiero decirle que se deje de mentiras. Le voy a arrancar los cabellos. Le voy a reclamar los enfados.

En tanto, no contesto las llamadas ni acerco las manos al fuego. La vida te quiere comer el alma fingiendo, canalla y sin rubores.

Fue cuando el taxi no podía avanzar mas porque había una multitud justo enfrente. Entonces le dije que nos apeábamos y atravesamos el circuito de calles tomados de la mano y presurosos. La gente festejaba y se divertía y nos metimos a la casa de los sustos donde había una cama y pedimos refrescos y nos besamos con el radio a todo volumen. Afortunadamente los teléfonos habían perdido la señal y nos estuvimos ahí, despreocupados y festivos, hasta que amaneció de nuevo y había pasado la noche oscura.

No puedo saltar a la superficie donde la luz del sol me secaría las ropas (mas ficción)

Te quiero porque nos morimos de risa. Porque te arrebato el iPod desconectado los audífonos y me pongo encima y te alarmas buscándolo y dices “¡le arrancaste la colita!”. Genuinamente preocupada. Con un impulso de salvación. Entonces comenzamos a reír sin detenernos. Te amo porque tu impulso siempre es genuino y sabes que me doy cuenta que te das cuenta que me doy cuenta. Entonces reímos. Todo el tiempo. Cuando te platico de los papelitos que nadie ve y corren a buscar refugio debajo de la cama al ver las escobas, esas escobas enfadosas que se llevan a los despistados y a los súper ingenuos. Escuchas atenta que ellos, los papelitos, tienen patitas veloces para ocultarse y, mientras inventamos historias complicadas uno encima del otro, los papelitos viven debajo de la cama echando desmadre en una comunidad imposible de describir llena de fiestas fugaces en medio de las noches ruidosas habitadas de besos y de caricias morosas. Tengo que seguirte. Un día todo se terminara y no tendrás que seguir muriéndote de frío. Y yo dejaré de decir mentiras ¿En donde dejaste tu suéter rojo que todo el tiempo te extraña?

Ya te dije que no ^___^

Cuando no quiero ni contemplar una situación siempre digo “ni hablar”. Que alguien dice algo, y de inmediato siento que eso no es de ninguna manera posible, entonces digo “ni hablar, no hay discusión, cambia el tema”. Me gusta porque aunque las personas insisten y se repegan melosas como ese tipo de gatos amistosos que tienen necesidad de ser acariciados y te llenan de su pelambre calida y ronronean zumbando como abejas morosas y te mueres y los acaricias y juegas con ellos y no puedes creer como es posible que una criaturita así sea capaz de despertar tanta simpatía y entusiasmo, digo, que me gusta porque aunque insistan y repitan melosas y ronroneantes llenándote de su calor saben de fijo que no podrán avanzar ni seguir mas adelante porque tu desde el principio los has parado al decir fulminante, preciso, seguro de ti mismo: “ni hablar, ni hablar, corta el puto rollo y ándate a mirar las flores salvajes en el jardín luminoso del mediodía”.



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