Nux fulguris

Abismo I

Era una flor narcótica que casi me arranca el brazo. El susto que pase fue indescriptible. Serio. Cosas para las que no hay palabras, solo sensaciones. Caí de cabeza en un abismo oscurísimo donde la luz era enloquecedora. Pensé que había llegado de cabeza al cielo ¡Me confundí! Esa es su diabólica estrategia para hacer presa de quien sea. Y me hizo jurarle amor eterno y todo ese tipo de nefastas cuestiones. Estaba muerto. Había muerto al despeñarme en el intensísimo oscuro de sus brillantes ojos. Ella solo me miraba pidiéndome inexistentes explicaciones. Me dejaba hacer. Y cuando abrió la boca para decir su nombre, mi cuerpo -ese esqueleto destrozado que yacía en aquel desolado abismo-, el reflejo aterrado en el fondo de sus ojos, se convulsiono con una felicidad grosera. Estoy muerto, pensé, la vida no es sino una constante locura que me ha arrebatado el alma. Ella es la maestrisima y puede hacer de mi mil mierdas o lo que en realidad le sea preciso. Y su nombre cobro vida instalándose en un desconocido reducto de mi cuerpo ¿mi cabeza?, ¿mi corazón?, ¿la sangre en mis arterias?, era una melodía espantosamente atrayente que lentamente fue tomando el control.

Luego ella me olvidó. Pero sin soltarme. No le cansaba su violento pero incesante sostenerme. Me faltó la luz. Trate de orientarme, estaba perdido, arrojado en un sótano oscuro, violentado por un horrible demonio que chupaba mi sangre. Y vagué y busqué y grité y recorrí desesperado mil desolados parajes intentando encontrarme con esa luz abrumadora. Rompí mi cabeza contra mil corrompidas paredes, habité otros tantos infiernos que ni siquiera eran míos. Llene mil cuartillas con su aborrecible nombre. Estaba muerto y en verdad nada me importaba.

En aquellos impíos lugares nada me podía salvar. Y un día, en medio de aquel remedo de existencia, errando desconsolado en un inhóspito, frío y antiguo paraje, encontré (creí encontrar, ese atormentador castigo me enloqueció al punto de imaginar insostenibles ecuaciones) esa insoportable luz brillando en la distancia. Por fin, grité, echando a correr, escapando (eso creia yo) del silencio, el hastío y el terror. Y la luz estaba ya frente a mi, de modo que todo lo que hice fue agacharme para tocarla (¡la luz! ¡la luz!) y en ese instante volvi a caer, jalado por ese caleidoscopio de luces (intensísimas aquí, opacas allá) y sombras y dije (no puedo quitarme esa maldita e insana costumbre): estoy muerto y la luz por fin es mía.

En aquel sueño estaba Alguien. No habia ruido. Cuando se acercaba a mirarme (desconcertada frente a mi, yo paralizado, no podía decirle nada) sus blancos vestidos revoloteaban silenciosos a su alrededor. Me llevó a un recinto extraño, lleno de luz por todas partes. Y cuando cerré los ojos (no recuerdo si me lo propuse o no) mil cálidas manos comenzaron a tocarme y yo perdí el conocimiento porque no recuerdo que refulgentes cosas después me ocurrieron

A continuación, yo quería abrir los ojos y un intenso cansancio (¡o alguien!) me impedía hacerlo. Primero los intente abrir, luego me aterre cuando descubrí a la luz verdadera porque sentí que esa incesante y oscura desolación no estaba dispuesta a dejarme escapar e iba a impedir que yo abriera los ojos y acabaría por tragarme para instalarme en el frío eterno (¡!). Y frente a mi, en medio de toda esa deliciosa luz que con solo vislumbrarla me aliviaba e invitaba a seguir intentándolo, apareció Ella. Y el viejo demonio había desaparecido y lo intente de veras reconfortado y la lucha que se entablo fue la verdadera porque me acababan de reconstruir los huesos y la oscuridad no dejaba de jalarme. Entonces Ella comenzó a llamarme y me limpiaba el sudor sobre el rostro y decía calmado, tranquilo, despacio papacito, tu puedes, échale ganas, vamos corazón, escúpelo, escúpelo; y todo era ¿cómo si yo estuviera dando a luz? De locura, pensaba. Y la oscuridad comenzó a rezagarse y a Ella ahora la veía claramente y había resucitado y no lo podía creer porque Ella estaba conmigo y yo había estado muerto y ahora respiraba un aire verdadero, mis pulmones estaban conmigo y mi corazón y mi sangre y el cuerpo me dolían todos al mismo tiempo pero ahora estaba con Ella y lo demás en realidad puede irse a la mierda porque la mierda es la mierda y quien guste de traerla embarrada en la boca que con su pan se lo coma porque yo paso, ya no, nunca mas, a tomar por el culo, de veras, no, ya no …

… bueno, mmmm, creo que no.

Aaagh


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