El profesor me daba con una silla si contestaba equivocadamente. Sr. Cocoa D. Wellington acostumbraba comenzar las batallas justo al amanecer para sorprender al enemigo.
Hay quien se come los mejores bocados y eso me enfada y descontrola. Hay de mejores bocados a mejores bocados, es cierto. Y aunque podrÃa decirse que yo me como los más mejores creo que eso es incorrecto. Si el mundo fuera justo yo tendrÃa el control. Seria una gran injusticia, según algunos. Y se perderÃa el balance y el equilibrio y al mundo se lo llevarÃa la chingada ¿Pero es que acaso no se lo esta llevando? La chingada digo, esa señora huraña que te desmadra los huesos si te sorprende mirándola. Por eso me enfada el alarde de quien devora toda la comida y te mira con la boca llena sin vergüenza ni reparo alguno. Les voy a romper botellas en las cabezas y me alejare desenfadado. Tengo tesoros ocultos. Me sentare desinhibido a carcajearme frente a las caracolas y las visiones. Se reflejaran sombras borrosas y desconocidas. Un dÃa, cuando termine la pesadilla, sorprenderé a los insensatos y a los sonrientes. Estaré limpio mientras el mundo se termina. Resucitar imposible.
¿Alguien recuerda la cicatriz que por la mañana apareció en mi rodilla y luego desapareció cuando ya era de tarde?
A veces somos malos. Muy demonios. Nos crecen colmillos y planeamos festines insólitos.
Prescistias Pebiceé andaba quitada de la pena presumiendo sus cabellos rojos cuando le saltó encima El Aburrimiento. Le dolÃan los pies de tanto caminar y decidió que el dÃa estaba muy desmadrado como para continuar. Entonces sucedió. El aburrimiento le saltó encima y le arrancó una oreja. De inmediato un chorro de sangre le salpicó encima y comenzó a saltar adolorida. Aulló maldiciones tapándose con sus manos de nube y dijo conjuros. La sangre paro. Pero el aburrimiento apenas habÃa aparecido. En el cielo azul habÃa nubes correteando como burbujas primeras cuando a Prescistias Pebiceé le crecieron dientes de perro, colmillos filosos. Tenia pensamientos suicidas y violentos. Un dolor de cabeza que la enfadaba y uñas de bruja malvada.
Ahora se habÃa vuelto de noche. Tres ardillas corrieron a ocultarse. Prescistias Pebiceé se habÃa vuelo demonio y la campiña aparecÃa desmadrada y solitaria. Aullaba planes diabólicos a las estrellas y a los exagerados.
No se defendÃa.
Jimena me paso la pregunta. A ella.
Uta, yo no hago nada. Bueno, si hago, pero si lo pienso voy y me digo: “naaah, no lo haces por tu paÃs, lo haces por otra cosa, menudo mentiroso”. Digo, tu no vas y dices: “voy a hacer esto por mi paÃs”, ¿entiendes lo que digo? O sea, tu vas y lo haces y luego te parece bien decir que lo haces por tu paÃs y tal. Pero nada, lo haces mas mas por costumbre o porque no piensas o porque lo piensas y esperas sacar provecho, o lo que sea que pase por tu cabeza en una atolondrada mañana de sábado luminoso y tal. Por ejemplo, puedo ir y decir que trabajo mucho. Y que trabajo por mi paÃs. Pero eso es mentira genuina. Una absoluta y descarada mentira festiva ^___^ “Trabajo por mi paÃsâ€?, jojojo. Esa pregunta que anda rulando por ahà en lo que se llama Meme (me parece una memez eso de los “memes”. O sea una babosada declarada. Si hasta la manera de referirse a ello. Eso, o el memo que lo invento se anda burlando de todos los que siguen el juego) (y yo lo ando siguiendo como el mas memo de todos) es mas ese tipo de preguntas que hace la maestra a los niños de la escuela: ¿qué hago yo por mi paÃs?
Pongámonos serios. Las putas pilas.
(Y no le paso el meme a nadie, que en realidad, esto es histeria nadamas)
Y despues

A veces cuando menos te lo propones comienzas a arrastrarte. Ora porque tienes miedo, ora porque no entiendes nada. Sientes que no puedes respirar y te duele todo y quisieras despertar pero comprendes que no estas soñando sino en realidad bien despierto y en el mundo de todos los dÃas y tal. Entonces comienzas a arrastrarte.
Yo le dije a mis vecinos que no me ingresaran. Prometà ser inofensivo y simpático. Me sentaba delante de mi ventana en los dÃas soleados y fumaba cigarros hechos a mano. Le daba dinero a los chiquillos para que me trajeran comida. Ayudaba a las viejecillas a bajar la ropa seca, a perseguir a sus gatos y a llevar los botes de basura hasta el camión recolector. HabÃa perdido el control, es cierto, pero no querÃa que se me echaran encima. Asà que hice promesas. Y luego las cumplà atolondrado.
Un dÃa me arrancaré los dientes y no volveré a comprar billetes codiciados. A veces tengo nubes en la cabeza y me confundo y doy vueltas alrededor de los reGalos. Pero ni siquiera es dia festivo ni tengo billetes en los bolsillos.
Quiero que me despierten a gritos justo cuando sea el medio dÃa para llegarnos al rÃo y atrapar pescados.
Odio cuando en mi sueño desparecen las sombras y los reflejos. Entonces no sabes en donde te encuentras e imploras a los villanos y a los enfadosos.
Por eso ya no volveré a arrastrarme. Es una costumbre identificada. Mandaré a tomar por culo las aventuras y las atracciones, las mentiras y las aficiones.
Una vieja de voz carcomida me dijo que tenia tres ratones atrapados en una jaula. Me invitó a arrancarles los dientes para escuchar sus chillidos, me dijo que no habÃa esperanza y que no los escuchara.
Entiendo, y aunque nos miro reflejados en la pantalla, prefiero apurar el trago a la botella semivacÃa.
¿Puede esto ser un Podcast?
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. Una nueva colega acaba de aparecer en fulguris: Max-demonio. Ella tiene dientes filosos y a veces se agarra a golpes a los maliciosos. No es enfadosa pero se defiende. Me gusta porque siempre se anda riendo y me regala dibujos. Cuando me platica lo que hace de comer me muero de hambre y quisiera vivir en su cueva y sentarme en su mesa y devorarme su comida. Toda su comida. Un dÃa le platique de los pollos enteros y prometió prepárame uno cuando le dije que me lo comerÃa sin desesperarme demasiado. Ella se cagaba de risa mientras lo prometÃa. Cuando me enseñó una foto donde se muere de risa con sus coleGas casi muero de miedo, se veÃan sus dientes filosos (como los de esos dibujos que hay por ahÃ). Pero después ya me gusto porque en la foto se morÃa de risa y ella estaba guapa y sus coleGas tambien y en realidad, mirándolo bien, se veÃa inofensiva. Ahora es mi super amiGa y echamos vacile todo el tiempo. Y tiene un nuevo blog.
Un dÃa quiero tener una visión. La gran visión. La que me hará comprender todo de golpe y solucionara las cosas. La que explicara los golpes en la cabeza y los arranques y las rabietas. Y entonces echare risas y, aliviado, comprenderé que caerse en el charco lleno de renacuajos y levantarse de ahà lloroso y enlodado no era para tanto. Y regresare los años para levantarme muerto de risa y sacarme de encima las pequeñas y resbalosas y pegajosas sabandijas aquellas y les pediré disculpas por sacarlas de su sueño acuático y desmadrar su charco de agua de primavera luminosa. Entonces ya no me va a preocupar nada. Porque será la visión que me arranque las faunas y los jicotillos que rondan mi cabeza a cada instante. Esos inexplicables arranques insensatos que duelen como apachurrones y que me dejan sin energÃas y con la cabeza dando vueltas y sin fuerza en los brazos temblorosos y fatigados y sin brillo en los ojos.
Si, quiero tener esa gran visión. Pero no quiero que sea la visión que se te echa encima cuando te estas muriendo. Cuando ya no tienes tiempo para arreglar las cosas. Cuando, irónica, te permite ver que todo el tiempo la estuviste cagando por nada. Y al instante siguiente te mueres y fin de la historia.
No sabia en dónde estaba pero estaba aburrido. No me interesaba mirar los aparadores ni caminar en su compañÃa. HabÃamos trabajado toda la semana. Era una época jodida. No habÃa dinero ni habÃa oportunidad de conseguirlo. Una época verdaderamente jodida. Y me enganché con aquellos capullos demasiado insensibles como para comprender que habÃa algo mas allá que la puta supervivencia y tal.
Yo buscaba sobrevivir, es cierto, pero no a aquel precio. Mirar desangeladas pantallas de Windows y hacer click tras click para obtener bienvenidas tranquilizantes.
Entonces escapé y los mandé a tomar por culo y aunque no sabia en dónde estaba levanté la mano, siempre levantar la mano, venga, a tomar por culo los trámites y las precauciones. Aunque todo aparezca apenas boceto e idea primigenia. Levanté la mano, digo, y subà al puto taxi y recorrà circuitos imposibles y casi me pierdo cuando el cabrón taxista se detuvo delante de la torre aquella y entonces le extendà el billete y al instante siguiente estaba justo where the action is y aunque no comprendÃa nada bajé y luego recorrà las calles y tenia miedo (y me cagaba de miedo) y todo era como habÃa imaginado y la puta vida entonces daba vueltas y giraba y se desenvolvÃa y yo no lo soportaba y en un nivel complicado me vomitaba mientras pedÃa auxilio al caminar todo cool y desinhibido mirando, solamente mirando, justo en el limite, el puto limite, donde la vida se sucedÃa cuando todos damos vueltas, si, todos, buscando la salvación, la puta salvación y tal.
Habia de todo. Justo de todo.
Y sin embargo sigo sin comprender nada. Una puta nada.