A veces no entiendes nada y no sabes si las cosas irían mejor si alguien pacientemente se toma el tiempo de explicártelas o si ya no tienes remedio y nunca podrás salir de la confusión y el enfado. Quieres escribir fantásticas historias acerca de la vida y sus consecuencias pero comprendes que no es necesario porque todo mundo sabe lo que traes entre manos. Entonces peinas tus cabellos cuando se hace de día y te vas fingiendo demencia a componer las cosas que se echaron a perder durante tu ausencia. Las visiones que tuviste han desaparecido y lo que se precisa es echar a andar la maquina tragamonedas que saca risas a los niños de mediodía que salen de las escuelas en medio de algarabías inocentes.
Comprendes que construiste complicadas estructuras sin sustento ni maravillas. Estabas soñando que miraban la televisión donde había pájaros bajo el agua que agitaban sus picos entre los peces buscando alimentos y perros fantásticos que protegían desesperados los alimentos y el fuego. Pero no caminabas. Solamente te estabas mirando la esencia y en estado semicomatoso deseando que la noche nunca se terminara ni las risas se diluyeran. Te comiste los girasoles y te hundiste en la intensa negrura esa, la del sueño aquel, que tenia voz risueña y te alimentaba y te cobijaba.
Por la mañana los atacaron demonios desmadrados y entonces corrieron a la superficie para estar a salvo.
Tienes tres monedas de oro.
El profesor me daba con una silla si contestaba equivocadamente. Sr. Cocoa D. Wellington acostumbraba comenzar las batallas justo al amanecer para sorprender al enemigo.
Hay quien se come los mejores bocados y eso me enfada y descontrola. Hay de mejores bocados a mejores bocados, es cierto. Y aunque podría decirse que yo me como los más mejores creo que eso es incorrecto. Si el mundo fuera justo yo tendría el control. Seria una gran injusticia, según algunos. Y se perdería el balance y el equilibrio y al mundo se lo llevaría la chingada ¿Pero es que acaso no se lo esta llevando? La chingada digo, esa señora huraña que te desmadra los huesos si te sorprende mirándola. Por eso me enfada el alarde de quien devora toda la comida y te mira con la boca llena sin vergüenza ni reparo alguno. Les voy a romper botellas en las cabezas y me alejare desenfadado. Tengo tesoros ocultos. Me sentare desinhibido a carcajearme frente a las caracolas y las visiones. Se reflejaran sombras borrosas y desconocidas. Un día, cuando termine la pesadilla, sorprenderé a los insensatos y a los sonrientes. Estaré limpio mientras el mundo se termina. Resucitar imposible.
¿Alguien recuerda la cicatriz que por la mañana apareció en mi rodilla y luego desapareció cuando ya era de tarde?
A veces somos malos. Muy demonios. Nos crecen colmillos y planeamos festines insólitos.
Prescistias Pebiceé andaba quitada de la pena presumiendo sus cabellos rojos cuando le saltó encima El Aburrimiento. Le dolían los pies de tanto caminar y decidió que el día estaba muy desmadrado como para continuar. Entonces sucedió. El aburrimiento le saltó encima y le arrancó una oreja. De inmediato un chorro de sangre le salpicó encima y comenzó a saltar adolorida. Aulló maldiciones tapándose con sus manos de nube y dijo conjuros. La sangre paro. Pero el aburrimiento apenas había aparecido. En el cielo azul había nubes correteando como burbujas primeras cuando a Prescistias Pebiceé le crecieron dientes de perro, colmillos filosos. Tenia pensamientos suicidas y violentos. Un dolor de cabeza que la enfadaba y uñas de bruja malvada.
Ahora se había vuelto de noche. Tres ardillas corrieron a ocultarse. Prescistias Pebiceé se había vuelo demonio y la campiña aparecía desmadrada y solitaria. Aullaba planes diabólicos a las estrellas y a los exagerados.
No se defendía.
Jimena me paso la pregunta. A ella.
Uta, yo no hago nada. Bueno, si hago, pero si lo pienso voy y me digo: “naaah, no lo haces por tu país, lo haces por otra cosa, menudo mentiroso”. Digo, tu no vas y dices: “voy a hacer esto por mi país”, ¿entiendes lo que digo? O sea, tu vas y lo haces y luego te parece bien decir que lo haces por tu país y tal. Pero nada, lo haces mas mas por costumbre o porque no piensas o porque lo piensas y esperas sacar provecho, o lo que sea que pase por tu cabeza en una atolondrada mañana de sábado luminoso y tal. Por ejemplo, puedo ir y decir que trabajo mucho. Y que trabajo por mi país. Pero eso es mentira genuina. Una absoluta y descarada mentira festiva ^___^ “Trabajo por mi país?, jojojo. Esa pregunta que anda rulando por ahh en lo que se llama Meme (me parece una memez eso de los “memes”. O sea una babosada declarada. Si hasta la manera de referirse a ello. Eso, o el memo que lo invento se anda burlando de todos los que siguen el juego) (y yo lo ando siguiendo como el mas memo de todos) es mas ese tipo de preguntas que hace la maestra a los niños de la escuela: ¿qué hago yo por mi país?
Pongámonos serios. Las putas pilas.
(Y no le paso el meme a nadie, que en realidad, esto es histeria nadamas)
Y despues

A veces cuando menos te lo propones comienzas a arrastrarte. Ora porque tienes miedo, ora porque no entiendes nada. Sientes que no puedes respirar y te duele todo y quisieras despertar pero comprendes que no estas soñando sino en realidad bien despierto y en el mundo de todos los días y tal. Entonces comienzas a arrastrarte.
Yo le dije a mis vecinos que no me ingresaran. Prometí ser inofensivo y simpático. Me sentaba delante de mi ventana en los días soleados y fumaba cigarros hechos a mano. Le daba dinero a los chiquillos para que me trajeran comida. Ayudaba a las viejecillas a bajar la ropa seca, a perseguir a sus gatos y a llevar los botes de basura hasta el camión recolector. Había perdido el control, es cierto, pero no quería que se me echaran encima. Así que hice promesas. Y luego las cumplí atolondrado.
Un día me arrancaré los dientes y no volveré a comprar billetes codiciados. A veces tengo nubes en la cabeza y me confundo y doy vueltas alrededor de los reGalos. Pero ni siquiera es dia festivo ni tengo billetes en los bolsillos.
Quiero que me despierten a gritos justo cuando sea el medio día para llegarnos al río y atrapar pescados.
Odio cuando en mi sueño desparecen las sombras y los reflejos. Entonces no sabes en donde te encuentras e imploras a los villanos y a los enfadosos.
Por eso ya no volveré a arrastrarme. Es una costumbre identificada. Mandaré a tomar por culo las aventuras y las atracciones, las mentiras y las aficiones.
Una vieja de voz carcomida me dijo que tenia tres ratones atrapados en una jaula. Me invitó a arrancarles los dientes para escuchar sus chillidos, me dijo que no había esperanza y que no los escuchara.
Entiendo, y aunque nos miro reflejados en la pantalla, prefiero apurar el trago a la botella semivacía.
¿Puede esto ser un Podcast?
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta. Una nueva colega acaba de aparecer en fulguris: Max-demonio. Ella tiene dientes filosos y a veces se agarra a golpes a los maliciosos. No es enfadosa pero se defiende. Me gusta porque siempre se anda riendo y me regala dibujos. Cuando me platica lo que hace de comer me muero de hambre y quisiera vivir en su cueva y sentarme en su mesa y devorarme su comida. Toda su comida. Un día le platique de los pollos enteros y prometió prepárame uno cuando le dije que me lo comería sin desesperarme demasiado. Ella se cagaba de risa mientras lo prometía. Cuando me enseñó una foto donde se muere de risa con sus coleGas casi muero de miedo, se veían sus dientes filosos (como los de esos dibujos que hay por ahí). Pero después ya me gusto porque en la foto se moría de risa y ella estaba guapa y sus coleGas tambien y en realidad, mirándolo bien, se veía inofensiva. Ahora es mi super amiGa y echamos vacile todo el tiempo. Y tiene un nuevo blog.
Un día quiero tener una visión. La gran visión. La que me hará comprender todo de golpe y solucionara las cosas. La que explicara los golpes en la cabeza y los arranques y las rabietas. Y entonces echare risas y, aliviado, comprenderé que caerse en el charco lleno de renacuajos y levantarse de ahí lloroso y enlodado no era para tanto. Y regresare los años para levantarme muerto de risa y sacarme de encima las pequeñas y resbalosas y pegajosas sabandijas aquellas y les pediré disculpas por sacarlas de su sueño acuático y desmadrar su charco de agua de primavera luminosa. Entonces ya no me va a preocupar nada. Porque será la visión que me arranque las faunas y los jicotillos que rondan mi cabeza a cada instante. Esos inexplicables arranques insensatos que duelen como apachurrones y que me dejan sin energías y con la cabeza dando vueltas y sin fuerza en los brazos temblorosos y fatigados y sin brillo en los ojos.
Si, quiero tener esa gran visión. Pero no quiero que sea la visión que se te echa encima cuando te estas muriendo. Cuando ya no tienes tiempo para arreglar las cosas. Cuando, irónica, te permite ver que todo el tiempo la estuviste cagando por nada. Y al instante siguiente te mueres y fin de la historia.