Nux fulguris

Que la desafuere


A mi el pejelaGarTo me la trae floja
Chinguen a su madre los políticos
No fui a la marcha (solo andaba por ahí)
No soy perredista

Pero estoy de acuerDo

El mono bilingüe y atrabiliario

Reelaboración :: más recuerDos (y un diBujo)

Tenia miedo cuando papá se enfadaba porque me agarraba a golpes. Era un demonio y hasta botellas me aventaba. Yo aprovechaba que siempre estaba borracho para escapar apresurado. Siempre escapaba.

Creo que el no era tonto y se vengaba cuando estaba sobrio. Un cabrón vengativo era, siempre se vengaba. Cuando decía, a ver ya, vamos todos a divertirnos. Y nos sacaba a pasear. Nos poníamos todos tras el y nos llevaba caminando y atravesábamos tres colonias. Llegábamos a aquella calle iluminada con árboles en las aceras y un camellón donde había bancas para sentarse. Ahí esperábamos abajo de un árbol, pacientes y felices nos poníamos a cantar canciones y a practicar acertijos y adivinanzas. Así hasta que pasaba el camión y todos subíamos y eran los mas mejores días de mi vida. Cuando íbamos todos juntos y felices y no había enfados y si puras risas y platicas entre nosotros y estábamos en aquel camión veloz y con poca gente, rumbo, si, a Chapultepec, el bosque enorme ese que esta en medio de la ciudad, con sus lagos y sus patos y su montaña rusa y sus juegos y mil árboles y animales en el zoológico y mucho mucho sol.

Era un camión que corría veloz y libre en aquellos sábados despejados por la mañana y donde las calles no estaban bloqueadas. Una vez iba yo tan emocionado y eufórico en una de aquellas salidas gloriosas que papá nos regalaba cuando no estaba borracho, digo, una vez estaba yo tan desesperado que, al entrar el camión en aquel túnel a toda velocidad y de manera grandiosa, que descubro la oscuridad contrastante del túnel y a lo lejos la luz del sol que se acercaba y se acercaba y se acercaba y que me suelto a aullar de pura emoción, aquella vez grité así todo extasiado: aaaaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuu (o ¡ajua!, creo que grité) y todo estaba tan oscuro en ese túnel (la luz del sol apenas medio segundo antes, nos tenia tan deslumbrados) que el recuerdo que conservo es tan preciado.

Supongo que exagero. Eso no importa.

Ya decía al principio (que no se me olvide) que papá era un vengativo hijo de puta. Y en esas salidas aprovechaba su turno pues recordaba, supongo, que a veces me lo encontraba tirado de borracho en las calles y lo pateaba (para que despertara) y me echaba a correr y el desde lejos reaccionaba sin saber ni imaginar nada (¿seguro?) o cuando se enfadaba y me agarraba a puñetazos y luego yo escapaba y el aventaba sus frascos y sus botellas y se iba contra la televisión y los muebles y desmadraba toda la casa. Pero yo ya había escapado.

Entonces creo que por eso se hacia pendejo y me dejaba correr por todos lados y no le interesaba nunca que metiera la cabeza en una jaula de osos porque ya estábamos en el bosque y yo corría por el cerro de Chapultepec y entre los árboles y la luz del sol y sucedía que, inofensivo hijo de puta de 6 años que no media lo que hacia ni donde me metía, comenzaba a caer por el cerro de Chapultepec y no me podía detener y luego caía y rodaba y chocaba contra un árbol y me desaparecía una oreja y nadie estaba ahí para detenerme y me iba contra el fondo del lago y papá feliz y carcajeándose con sus venganzas terribles.

Bombas

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

En la única esquina del planeta, estaba una maquinita de golosinas. A Büilare sólo le bastaba insertar una moneda para disfrutar fantásticos chicles que salían disparados por la apertura de salida.

Una tarde, Büilare se encontró tres monedas en la arena y las metió al orificio de entrada, con las manos sudando y los ojos de risa. Salieron chicles de todos los sabores: kiwi, melocotón, chicozapote, sandía, frambuesa… Eran millones de chicles. Y Büilare se metió a la boca todos juntos. No le dejó ninguno a bellaCo, que estaba hablando con una piedrecilla.

Cuando bellaCo aspiró fuertemente el olor delicioso de los chicles, sólo vio las patas de Büilare que ascendían por el cielo. Había hecho una bomba enorme que la elevó por los aires y la sacó de la atmósfera. Büilare miró lo mejor de todo desde arriba.

bellaCo se quedó mirándola hasta que se perdió en las alturas. Pensó en la fiesTa que le ofrecería de regreso.

Gritos (aullidos no porque recuerda al Jefe)

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Y es que bellaCo tenia hamBre. Un hamBre antiquísima y celestial que le venia siempre que se daba cuenta de algo. Pisaba una rama, escuchaba el ruido, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Caían las goTas de lluvia, le mojaban la cara, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Encontraba un árbol gigante de guayabas, se trepaba a el y se comía tres mil guayaBas, se daba cuenta y decía: “tengo hambre”. Podría ser un aburrido repitiendo siempre la misma frase, el mismo mantra como necio monje perdido. Pero la repetía, la frase, digo, entre otras tantas mil que tenia siempre en la boCa. Cuando corría por ejemplo, corría como demonio, a veces por el mero placer de correr y se le gastaban sus zapatos y a veces se rompían y quedaban hechos puras miserias y el se detenía cuando las piedras del camino le lastimaban y se daba cuenta (también se daba cuenta) y decía “chingón”. A veces no decía “tengo hambre” sino que decía “chingón”. O cuando las luces de la fiesta eran espectaculares y casi media noche y el dj ponía la mas mejor rola del mundo mundial y todos a una aullaban y era una versión totalmente electrónica sin voces y sin nada del Tears From The Moon y todo era perfecto porque por fin habían logrado subir y estaBa bellaCo y Büilare y era una fiesta eterna y entonces digo, sonaba la mas mejor rola del mundo mundial, era el momento, el momento, el puro momento y bellaCo ¡se daba cuenta! y gritaba poseído, todo a oscuras, las luces palpitantes y la música, y bellaCo gritaba (porque se daba cuenta), gritaba: “¡chinguen a su madre todos!”.

RecuerDo

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

bellaCo se comio tres sandias y lueGo le dio sueño. Ya era muy noche y la luna sobre el iluminaba todo aquello. Se colgó del primer árbol que encontró y luego se durmió. Aquel fin de semana bellaCo estaba tan cansado que no escucho a Büilare cuando llego y lo agarro a patadas. “¡Anda despierta, vamos a echar desmadre!”, pero bellaCo no la oia, estaba soñando que iban en un camion y era medio dia y todo estaba iluminado y tenian comida y se divertian porque habian planeado ir al campo a subirse a una lancha y buscar peces de colores para el almuerzo, entonces el camion donde iban entraba a un tunel oscuro y toda la luz del medio dia desaparecia y entonces solo era la oscuridad del tunel pero alla a lo lejos se veia de nuevo el dia y la luz solar y ese camion iba rapidisimo y todo era tan emocionante que bellaco se soltaba aullando y gritando de pura genuina felicidad aaaaaaauuuuuu.

Gritaba tan fuerte que Büilare dejo de patearlo. Asustada, se acerco para mirarle de cerca. Pero bellaCo seguia dormido. Entonce Büilare se dio cuenta de que estaba perdido, soñando en un mundo ajeno. Le pellizco una nalga y bellaCo no dijo nada. Le dio chupetones y bellaCo siguio dormido. Alcanzo a reirse. Pero luego ya.

Entonces Büilare se aburrio y decidio irse a tomar x culo. Ya despertaria ese cabron desmadroso. Aprovecharia la luz de luna para echar desmadre. Ya sería.

confiTe de uÑa

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Una lluvia de confites grandes como granizos inundó la parte oeste del planeta, es decir, la casa de bellaCo.

En el jardín de la casa había florecillas silvestres que bellaCo arrancaba con sus filosos dientes y se las comía de un bocado. También crecía una planta carnívora a la que bellaCo le cantaba canciones de cuna para mantenerla dormida.

El día de la inundación de confiTes, bellaCo llegó tarde a su casa porque se entretuvo convenciendo a Büilare de que le prestara su nariz, lo que logró luego de tres larguísimos segundos. Todo el camino de regreso a casa se fue olisqueando los árboles de manguiTos. Antes de llegar, percibió doblemente el olor delicioso de los confiTes y brincóeo de alegria.

Bajo sus pies desnudos, en la tierra del jardín, sintió millones de confiTes. Cómodamente sentado en su piedra favorita, comenzó a chuparse los pies. Se quedó muchas horas lamiendo y relamiendo las plantas, los dedos, el empeine, las uñas.

¡Las uÑas! Esa noche de inundación bellaCo pensó que nunca jamás su maestra volvería a cortar sus uÑas. Uñas de limón, de manzana, de piña. Confites de uñas.

A bellaCo le sobrevino una diarrea que todavía no para.

¡Gracias, rOdaRi!

tenGo hamBreee!

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Büilare estaba sacando pececiLLos de aquel río porque tenia hambre. Estaba enfadada porque solo se habia comido tres. Los pececiLLos nadaban muy rápido y escapaban invariablemente de su alcance. Encontró tres hormigas flotando y se las comió, cinco algas resbalosas y también se las comió. Los pececiLLos huian en cuanto la sentian. Entonces Büilare puso en practica el viejo truco de hacerse invisible, cerro los ojos y dejo de respirar. Despues de tres minutos pensó “¿y ahora cómo los atrapo si tengo los ojos cerrados?” Durante ese tiempo los pececiLLos habian formado una multitud espectante. Cuando Büilare abrio los ojos los pececiLLos se le cagaron de risa en la cara, al instante siguiente escaparon en medio de risas festivas. Büilare quiso llorar, pero tenia demasiada hambre. Entonces se enfado más.

Se bebió de un solo traGo aquel estanque con todo y pececillos y algas y hormigas flotando. Se los tragó uno a uno saboreandolos y luego se puso a reir.

Cuando termino con aquello se echó a dormir.

Correr

Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.

Habia un soL pegajoso que iluminaba todo. Los niños estaBan jugando en el patio mientras bellaCo se comía un manguito amariLLo. Mientras comia aplastaba las hormigas rojas que le trepaban por las piernas. De vez en cuando soltaba un gemido casi inaudiBle. Los piquetes de las hormigas le hacian ronchas que inmediatamente se ponian rojas. bellaCo mataba las hormigas pero ellas, necias, trataban de hacer un camino sobre él rompiendo la fila demasiado transitada que habian formado en aquel rincón del patio. Cuando acabó su almuerzo de manguitos amariLLos bellaCo se sacudió las hormiGas y buscó a Büilare.

En la puerta del salón la maestra con un cortauñas en la mano, cortaba las uñas de una fila de niños. Más allá, habia una competencia de carreras. Büilare habia organizado las competencias porque pensó que todos esos niños estaban muy gorDos. Cuando bellaCo los vio, ademas de gorDos, estaban rojos. Y sucios. Y sudorosos. Y enfadados. “Tu siempre ganas”, le reclamaban a Büilare.


Entonces bellaCo se acerCo (despues de que la maestra le cortara las uñas, le echara una pomada que ardía sobre las ronchas que traía y le pidiera el ultimo manguito amarillo que no se habia comido). Se acerco y reto a correr a Büilare.

Todos hicieron gran alharaca cuando ambos se pusieron en sus lugares. Los niños estaban felices de que alguien pudiera vencer a Büilare. Entonces bellaCo se dio cuenta de que en serio hacia mucho calor. En aquel planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta aquel sol era el mas pegajoso y enfadoso que jamas habia sentido. Le ardieron aun más las ronchas, ¡no!, la pomada que le habia untado la maestra (¡mira nadamas como traes las patas!). Por eso, cuando echaron a correr, dejo atras con mucho a Büilare.

Hubiera ganado aquella carrera si no le ataca ese espantoso dolor. Aquellos manguitos que se habia comido no soportaron tanto alboroto dentro de su estomago. Despues de tres vueltas al patio vomito cinco manguitos. Siguió corriendo pero Büilare, muerta de risa, le habia pasado. Vomitó dos manguitos más al llegar a la meta. Pero ya Büilare descansaba en medio de risas y del enfado de todos los niños.

Fue mas tarde, cuando bellaCo y Büilare y los niños y la maestra y el sol se habian ido, que aquella fila interminable de hormigas rojas descubio los manguitos vomitados.



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