Nux fulguris

Instante

Estuve platicando con Claudia por la tarde. Nos vemos tan poco que me cago en todo. Pero hoy no. Me escape del puto trabajo diciendo: tengo una comida, reBoto a las 3:30 PM

Eran las 2:00 PM

Luego ya. Fui a su trabajo y nos colGamos platicando hasta las 4:00 PM. Escuchamos juntos una canción muy cura en los audífonos que ella traía, unos que me roBo sin preguntarme ni nada. La canción decía de uno que anda detrás de una monita y la monita le insiste en que eso no es amor sino mera obsesión. Nos reímos mucho. Luego ya comparamos el tamaño de nuestras manos y decidimos que las suyas estaban chicas, que en comparación tengo los dedos gordos y ella no, después me dejo darle besos en la palma de la mano, en el interior fresco que olía a jaBon.

Quedamos de vernos el viernes para ponernos de acuerdo y salir el dominGo, le dije: el dominGo no piduCa que hay mucha gente en la calle. Pero luego pensé que eso valía madre. Nos reímos mas.

Nos despedimos a las 4:15 PM. Ella estuBo contenta todo el tiempo y yo me moria.

(vii) Coma

Hacia el final del día nadie había descubierto aun el cuerpo inerte de Mirisha. Después de pasado el susto, solo los pájaros y las ardillas, que fueron testigos de la tragedia, se acercaron a cuidarla, arreglarle la ropa, sacudir el polvo y las hojas muertas que empezaban a cubrirla.

Si esto fuera un cuento de hadas, diría que transcurrido un tiempo, un príncipe llegó ante ella, bajo de su caballo y con un límpido beso de amor la despertó, aliviándola al instante, para llevarla al palacio real; o diría, por qué no, que de la sangre que escapo de su cabeza nació una flor blanca y triste símbolo de aquellos desgraciados que sufren una muerte violenta.

Pero nada de eso. Mirisha seguía allí tirada y nadie llegaba.

(vi) Círculo


Ni siquiera tenia dientes cuando paso. Era una inofensiva criatura de huesos recién nacidos. Le arrancaron de un mordisco la oreja para decirle: escucha bien miserable piojo extraviado …y después de odiarla, la asfixiaron con abrazos.

(v) Tragedia

Mirisha lastimó su cabeza al caer del árbol. Sucedió en un instante. Repentinamente todo se había transformado.

Se levanto de un salto y corrió a ocultarse tras un arbusto.

Asustada, una ardilla siguió su ejemplo.

Con un estruendo, violentamente, rompiendo el mas dulce de los ensueños, el árbol se vino abajo.

Matando al arbusto. Golpeando a Mirisha.

(iv) Un consejo



Corre
echa a correr desesperadamente
no te detengas
corre

Pronto será de noche
escupirás sangre
tropezarás en tinieblas
corre sin detenerte

Sus voces son de angeles
te atrapan
confunden
corre y no escuches


(iii) El árbol


Parecía el más grande árbol que jamas había visto. Después de contemplarlo absorta, trepó a él decidida, con la agilidad de una lagartija acalorada. Su cuerpo delgado y ágil de cervatillo inquieto se enroscó en el rugoso tronco. Arriba, escondiendo sus rubores entre el intenso follaje, la esperaba el fruto original, rojo como sus labios, como la sangre en sus venas corriendo desbocada, hinchando su corazón en cada diástole, arrugándolo en cada sístole, inundando sus arterias para alimentar cada célula de su cuerpo con el preciado oxigeno que el árbol mismo le ofrecía. El árbol y ella: una sola sombra que bailaba entre el vaivén del sotobosque henchido.


Era justo el mediodía. Desde lo alto del árbol, por cada oquedad arrebujada entre las ramas, la luz totalmente vertical del sol fue lentamente bloqueada por la caída de una diminuta hoja, suave como ala de pájaro, la cual, después de posarse en el hombro de Mirisha, le susurró al oído:

- Soy yo quien trae la noche y la muerte arpía.

(ii)

Voy a ser raptado como un niño para jugar en el paraíso en el olvido de toda desgracia.
A. Rimbaud
Mala Sangre

(i) Aparecer

Era la víspera del solsticio de estío. Mirisha salió de la casa de campo con una canasta bajo el brazo. Aunque se había puesto el mejor vestido que tenia, había olvidado desenredarse el cabello y ponerse los zapatos. No los necesitaba: cuando vio la primera mariposa ya la casa de campo había desaparecido y en sus oídos resonaba incesante el barullo de la campiña.

Después de caminar al azar durante algunos minutos, se detuvo a pocos pasos de un enorme árbol donde un pequeño pájaro de alas lapislázuli la observaba curioso.

Al volverse para mirar la extensión del valle que había dejado atrás vio la luna recién nacida como una cicatriz en el intenso azul del cielo; pensó que más allá de esa pálida verruga una bruja de cabello negro y piel blanca escribía un libro donde ella figuraba como personaje principal: era el libro de su vida, y ahora la bruja, después de hacer estremecer a la luna, la ocultaba detrás de una pequeña nube con figura de rana.

Estornudo tres veces: divertida, recordó sus zapatos. En su pálido rostro apareció una sonrisa. Deslumbrada, una mariposa arrancada de un arcoiris voló a su alrededor. Ella cerro los ojos, atolondrada, para desear que el sueño no terminara, que las mariposas y los pájaros y las nubes y las flores no fueran solo una ilusión, una fantasía escrita por la mente enferma de una bucólica bruja desdentada.

Abrió los ojos. La mariposa había desaparecido. Jugueteando con sus cabellos, el viento dejaba entre rizo y rizo brillos dorados de sol.

Al volverse, encontró sorprendida al pájaro lapislázuli que la miraba curioso, absorto quizá ante esa prístina visión que presenciaba: una princesa escapada de un cuento de hadas vestida con un sencillo vestido de ninfa que soñaba a ser el más inalcanzable lepidóptero sobre la tierra.

Echo a caminar. Ahora atravesaría el bosque buscando frutos y raíces para comerlos a la sombra de un árbol. Haría un collar de flores, hundiría la cabeza en el ojo de agua. Se alejo de la campiña tarareando una canción:

Eh ¿a dónde has ido?
¿por qué te escondes?

Descubre tu rostro,
tus manos no dejan

No he visto tus ojos,
tu risa de cerca

anda
di dónde has ido


bellaCo (II)

Cuando aquella silla propuso descoyuntarse contra bellaCo todo quedo en silencio. Solo un momento. Al instante siguiente empezó una vibración en el aire, el piso se movía, era un temblor que crecía: ¡las casonas estaban riendo! Se burlaban. Cohibidas, las sillas no dijeron nada, solo se miraron llorosas. Entonces bellaCo despertó. Ahora las casonas se carcajeaban. AlGo estaba pasando y bellaCo se transformaba, se volvía demonio, vomito verde. Una de las sillas no aguanto más y salió corriendo, huyendo de lo inminente. Ya estaba sucediendo: bellaCo, antes de repetir su hazaña de muerte dijo: “cállense hijas de la chinGada!” y comenzó a patear las paredes. Las sillas lloraban.

En ese planeta perdido las cosas podían sucederse, desatarse. Se hacia de noche y aparecían las brujas, se hacia de día y entonces tu te morías. bellaCo pateaba las paredes y al instante siguiente amanecía.

Agh!

bellaCo tenía amiGos



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